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sábado, 16 de marzo de 2019

El trabajo de los abridores de cuño, en época de Felipe IV

Con la pragmática del 22 de Noviembre de 1660, se acuña en el Real Ingenio de Segovia, la primera serie de vellones de busto, a molino, y en la Casa Vieja, a martillo. El 30 de Octubre de 1661, se obliga por Real Pragmática a acuñar estos Felipes, a molino, en todas las cercas restantes y se prohíbe acuñar a martillo, en la Casa Vieja de Segovia, esta nueva moneda. (Más sobre primeras emisiones de los maravedís de busto a molino)


Dibujo de Ingenio a molino. Fotografía sacada de la "Asociación de Amigos de la Casa de la Moneda de Segovia".



Esta incipiente forma de estampar el arte de la moneda, necesita de una calidad artística suprema, referida no solo a la belleza de los grabados, si no también, a aquellos procedimientos "matemáticos" y técnicos necesarios para una buena apertura del cuño.

Así, se destacan entre otros motivos, la dificultad de trasladar la impronta de los punzones, dentro del metal cilíndrico del rodillo. La acuñación a molino, supuso una verdadera revolución técnica, teniendo su mayor auge, en el Real ingenio de Segovia.

Para ello, existen varias teorías:

1) Que el final de los punzones de los motivos artísticos "mayores" (escudos, Bustos) fueran curvos (exceptuando las leyendas...) Con un arco del final del punzón, acorde a la convexidad del rodillo, para estampar el grabado de una manera unitaria, en toda su superficie, consiguiendo así, un calado, idéntico, en todos los motivos, evitando, problemas de simetría, en la profundidad del arte improntado en el cuño, y con posterioridad en la moneda acuñada.

Esta teoría, tendría una buena coartada, para su funcionamiento, si el grabado de todo el arte de la moneda, tuviera su propio punzón individual... Pero hoy en día, es sabido, que normalmente, tales grabados, poseían punzones de motivos separados, para conformar, luego en el rodillo, el grabado completo, favoreciendo así, a un mejor  hincado (menor superficie, mayor presión) y una menor probabilidad, de que surjan repintes indeseados.

2) Que el final de los punzones, fuera plano (como a tenor de ciertas muestras, defienden algunos investigadores).

Se procura, dejar libertad al abridor de cuños, para ultimar la impronta en el cilindro, a base de balancear la punta del cuño en el mismo, para conseguir una simetría en el calado del arte del grabado.

En esta teoría, el paso del arte del punzón al rodillo, es bastante más compleja que en el primer ejemplo, y necesitaría de grandes dosis de meticulosidad y profesionalidad por parte del artesano... Tenían que procurar, evitar crear repintes en el cuño, por la repetición del hincado del punzón... a veces, se hace necesario un artilugio que sujete el punzón, para que no se mueva entre golpe y golpe de martillo.

Ingenio y riel pasando entre medias de los rodillos. Fotografía sacada de la "Asociación de Amigos de la Casa de la Moneda de Segovia".



En los Felipes de Busto, seguramente el abridor de cuños, basculaba el punzón, de la cabeza al torso.


16 maravedís de Trujillo de 1663. No catalogada.



Tanto en una, como en otra teoría, el grabador, debía de esmerarse, teniendo en cuenta, la deformación del grabado del punzón, en referencia a la curvatura del cilindro. Un grabado no deformado que pasara del punzón, al cuño cilíndrico, proyectaría en la moneda, un arte asimétrico... y al contrario, un arte ligeramente deformado del punzón, de manera consciente y estudiada, al paso por el rodillo, establecería en la moneda, un dibujo simétrico y bien ajustado, ya que el traslado de un cuerpo curvo a uno plano, produce inevitablemente una distorsión, que debe corregirse antes de que se efectúe la estampación en el cospel. Esta problemática, aparecía sobre todo, al intentar resolver la conversión de la elipse del cuño, en una verdadera circunferencia, cuando se improntara en la plancha de metal acuñado, ya que la presión del cilindro sobre el cobre maleable, producía una evidente deformidad.

Rodillo de la Ceca de Parma en Italia. Fotografía prestada de la "Asociación de Amigos de la Casa de la Moneda de Segovia"



Es evidente, lo estudiado que debía de estar, el paso de las leyendas, a la convexidad del rodillo, donde la curvatura del cilindro según el ángulo de posicionamiento de las letras, era siempre diferente, dependiendo de la zona delimitada del cospel donde nos encontremos, y de la posición e inclinación en las que se encontraran las sucesivas letras... problema, que es bastante más fácil de solventar, con un punzón plano, donde el artista, haría bascular la cabeza plana del mismo, sobre la superficie del rodillo, hasta conseguir el calado deseado.



En la casa de la Moneda de Madrid, existen rodillos con multitud de grabados en sus cuerpos... muchos de ellos, se ha constatado que eran pruebas de los grabadores, que evidentemente, utilizaban antes de conformar aquellos rodillos válidos. Esta teoría, se ha podido constatar y reafirmar, mediante el estudio de ciertos rodillos. Muchos de los cuales, aparecieron sin templar, siendo imposible por ello, que los mismos, aguantaran tanta presión al contacto con las monedas acuñadas.


Rodillo con diferentes pruebas de Hincado. Fotografía del maestro Glenn Murray.



El trabajo del grabador,  no acababa con el punzón y la impronta de él en el rodillo, continuaba mediante la corrección  y mejora directa, de los motivos artísticos del grabado en el cuño, mediante buriles y otras herramientas... Que dejaban ver, la gran destreza artística de estos artesanos.


En los maravedís de busto de Felipe  IV, al existir infinidad de punzones con grabados de las letras, puntuaciones, bustos... Entendemos que existían una gran cantidad de rodillos... Ésto puede ser debido a una gran demanda de este tipo de monedas y a un elevado desgaste de los cuños, aunque este último caso, no se diera siempre, pues
también nos encontramos, con monedas, en las que vemos fechas rectificadas, lo que nos da a entender, que en ocasiones, se reutilizaron rodillos de acuñación, con ciertas modificaciones, al paso del buril del artesano... En este caso, se demuestra la durabilidad de estos rodillos templados.


Es fácil ver cómo en las leyendas de los Felipes, existían punzones individuales de cada letra, ya que a veces no aparecen completas e incluso, como dijimos anteriormente, rectificadas... Fenómeno que venía dándose desde hace cientos de los atrás... Así se explica la infinidad de variantes de leyenda, arte y busto de estos Felipes...

Prueba de punzón sobre un plomo, de un doble excelente seguramente a nombre de los Reyes Católicos, en época de Carlos y Juana. Doble grafilia y doble escudo, lo que da a pensar, que en este caso, los motivos mayores conforman un todo y los punzones utilizados, recogen tales motivos, de manera unitaria y no divididos.


Para profundizar, tenemos el excelente estudio de Juan José Sánchez Castaño:

"Estudio a cerca de los rodillos de pruebas del real ingenio de la Moneda de Segovia"
Numista 254

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martes, 12 de marzo de 2019

Los Ensayadores Pedrera

Bernardo, parece ser el último eslabón de ensayadores, de la familia Pedrera.

Bernardo de Pedrera Y Negrete, fue hijo del ensayador, de la Ceca de Segovia (más sobre tipos de acuñación en el Real Ingenio), Andrés de Pedrera.

Toda una generación de ensayadores, que pasó a formar parte, del extraordinario tiempo transcurrido sobre unas paredes en las que tan buen oficio se dio; El Real Ingenio de Segovia, Fundado allá por el año 1586 por Felipe II.

Bernardo De Pedrera, entró en la fábrica de moneda de Segovia, como ensayador, por Real Cédula del 2 de Mayo de 1651, por la "buena relación" que guardaba con sus progenitores, y el buen servicio de éstos, prestado a la corona, con un sueldo de 100.000 maravedís.

Es nombrado Ensayador Mayor del Real Ingenio y del "Reino" de Castilla, 7 años más tarde de su ingreso en la Nueva Casa de la Moneda de Segovia, el 30 de Julio de 1658.

Ensayará hasta el reinado de Felipe V (incluido).

Se tiene constancia, de que también ofició puntualmente, en la ceca de Madrid y en Sevilla.

En Segovia, continuó la "herencia" dejada por el ensayador, Hipólito De Santo Domingo, y compartió labor, un tiempo, con el ensayador, Manuel Manso.

Los talladores que estuvieron trabajando codo con codo con este ensayador, fueron:

Rafael González que compaginaba trabajo en la Casa de la Moneda de Madrid, Francisco De Plaza, y Diego De plaza.

16 Maravedís del Real Ingenio de Segovia de 1663. Ensayador Bernardo de Pedrera.


Su abuelo, Esteban De Pedrera "El Viejo",  "ensayador mayor del oro y plata y el vellón de su majestad", ensayó anteriormente, en la casa oficial, con muy buenos resultados... fue el 6 de Julio de 1617, cuando este ensayador, recibe un cargo de relevancia,  substituyendo a Rodriguez Del Castillo, favoreciendo en el futuro, sin duda alguna, a que su nieto Bernardo, pudiera acceder a un puesto de especial responsabilidad en el Real Ingenio.

Antes de ensayador oficial, Esteban De Pedrera, fue marcador de plata real en los talleres de Madrid y Valladolid (24 en total, que se tenga constancia). Trabajó en otras zonas como Burgos y zamora...

Entre los cometidos de Esteban De Pedrera ("tocador de oro y marcador de plata en la villa de Madrid"), estaba, el de supervisar a aquellos plateros batidores y toda persona encargada de trabajar con oro y plata, cuidando de garantizar la ley y el quilataje de los metales preciosos que allí se labraban, por mandato real.

Para ello, en ocasiones, utilizaba la presencia de su hijo, Andrés De Pedrera, que se encargaba de custodiar y estudiar las piezas que se encontraba en cada taller de platero, para ver si "entraban dentro de las exigencias de la corona real" y marcarlas con sus punzones, para certificar la pureza del metal y la liga de las joyas supervisadas.

A su vez, vigilaba los posibles robos de los artesanos, dando buena cuenta de ello ante la autoridad competente...

El padre de Esteban De Pedrera, también se llamaba Andrés (no confundir con su hijo) y como ellos, trabajó en el Real Igenio de Segovia de 1613 a 1615.

Se destaca en este ensayador (Andrés De Pedrera "patriarca de la familia") las acuñaciones de los primeros cincuentines, posteriores a 1609,  (de 1613), compartiendo trabajo, con el excepcional grabador del Real Ingenio de Segovia, Diego De Astor.

Reproducción de 4 reales de Real ingenio de Segovia, con brillo original, de la Escuela de Grabadores de Madrid del siglo XIX. Ensayador Andrés De Pedrera "1617".



Reproducción de centén en plata o prueba de acuñación, con triple pleso de cincuentín (piedfort) 1633, con ceca de "La Puente".
Ensayador Rafael Salván.


Andrés de Pedrera hijo, fue nombrado visitador de Valladolid el 5 de Mayo de 1624, para supervisar la labra del oro y plata, en los talleres de platería y en aquellas dependencias que albergasen artesanos que desempeñasen estos cometidos.

Todavía no se tiene conocimiento de si ensayó o no en el Real Ingenio de Segovia.

El último eslabón de la cadena, Francisco pedrera y Negrete, nieto de Andrés De Pedrera e hijo de Bernardo Pedrera, también ensayó en la casa de la Moneda de Segovia, a finales del siglo XVII... coincidirá casi, con la salida del grabador, Manuel Manso.


Los ensayadores, en la época de Felipe IV, normalmente, elegían la marca de ensaye, haciendo referencia a la primera inicial de su nombre o apellidos. Así lo deja ver, clátamente, Francisco De Pedrera, en un documento fechado en el año 1697 en la ciudad de Segovia:

"Para que en todo tiempo conste la moneda que por mi se ensaya y despacha en el dicho Real ingenio, desde luego declaro ha de llevar por letra una F, por ser la primera letra de mi nombre".



Marcas de ensaye:


Andrés De Pedrera (patriarca): AR
Enlazadas.

Esteban De Pedrera: A superada de cruz.
P

Andrés De Pedrera (hijo): A superada de cruz (como su padre Andrés) en la ceca de Madrid.  Posible P, también atribuida a Pedro Enrique (ensayador de la Casa Vieja de Segovia).


Bernardo de Pedrera: BR enlazadas.

Francisco De Pedrera: F


miércoles, 6 de marzo de 2019

Dieciochenos valencianos en el reinado del "Rey Planeta"

Los dieciochenos, son monedas con valor de 18 dineros de vellón, que tienen su origen en el reinado de Felipe II.



Dieciocheno de Felipe IV, acuñado en Valencia, con valor 18 y fecha de 1650.


No poseen marca de ensayador (raro, al ser moneda de plata), aunque muchos autores indican, que en la marca del valor de estos dieciochenos, puede estar la clave para conocer a los ensayadores de las respectivas piezas... Pero ésto, parece solamente ocurrir con uno de los maestros de la Ceca, el señor Scribá, que podría haber ordenado marcar con el valor 1S en vez de 18, los dieciochenos que " cayeron por sus manos", aludiendo, con esa consonante, al principio de su nombre.

Estas monedas fueron acuñadas en Valencia, hasta bien entrado el siglo XVIII.

En tiempos del "Rey Planeta", y antes de su reinado, algunos barcos que se dirigían, de las Américas, al puerto de Sevilla, eran atacados por piratas ingleses (los que no se hundían por un mal temporal). La economía se vio abatida, por una falta de plata nativa y exceso de falsificaciones... En Valencia, para paliar estos males, se promulgó pragmática nueva, en la que la liga de plata, se vio mermada (el caso de los dieciochenos).

En el período de Felipe IV, estas monedas sufrieron en sus propias carnes, los avatares de los falsificadores.

Al ser monedas acuñadas a martillo y con un arte, bastante menos esmerado que en otras piezas, los falsarios veían un mundo de posibilidades para realizar sus imitaciones. A pesar de ser una moneda muy falsificada, nos han llegado pocos ejemplares hoy en día (por lo visto se retiraron del mercado gran parte de ellas)

Este circulante, padecía el cercenamiento de sus cantos e incluso, muchas de estas monedas, sufría decapamiento del metal, a través de distintos procesos químicos, que arrancaban de cuajo gran porcentaje de plata... En ocasiones, dejando el valor intrínseco de la moneda por la mitad.

Fue en Barcelona, (más sobre moneda de Felipe IV, en tiempos de las revueltas catalanas) donde se lanzó una pragmática, que obligaba, a todo aquel que tuviese dieciochenos, a llevarlos a la casa de la moneda pertinente, para volver a ser fundidos, y hacer con ellos moneda de real nueva.
A principios del reinado del último Austria, Carlos II, se resolvió implantar los molinos tan utilizados en la parte inferior y centro de la Península Ibérica, en la casa de la moneda de Valencia. Para ello, se crearon nuevas dependencias en la ceca y se habilitó el patio, como lugar destinado a batir el vellón. Más sobre distintos tipos de acuñación.
Estos ingenios, que procedían de Madrid, a penas tuvieron 3 años de uso, porque los operarios lograron frenar el avance de los mismos... querían trabajar a la vieja usanza, a golpe de martillo, y lo lograron. Hasta tal punto, tenían tanto poder de decisión y persuasión, que no se volvió a acuñar con rodillos de molino, hasta bien entrado Carlos III al poder.

Estos reales, se volvieron a fundir (no todos, pues queda constancia de ellos) para fabricar, nuevas monedas martilleadas.

Dieciochenos con Felipe IV:

Llamados también dihuités, o reales de a uno, tenían el valor de 18 dineros de vellón.


Anverso:

Leyenda PHILIPPVS IIII DEI GRACIA VALENCIA  que rodea al busto del monarca coronado, en perspectiva frontal. Valor entre medias del monarca.

En 1640, se empezó a establecer el valor del dieciocheno, situado entre medias del busto del rey (1 y 8). Aunque existen monedas anteriores a esta fecha (de 1618 a 1624) en el reinado de Felipe IV con marca de valor, se consideran a día de hoy, como pruebas realizadas en 1640 con cuños de reverso de fechas anteriores.


Reverso:

Leyenda VALENCIA MAIORICA REX    rodeando al escudo coronado de Valencia, situado entre medias de la fecha.

Como dato curioso, vemos como este tipo de posición frontal del rostro del monarca, cuadra más con aquellas blancas medievales de antaño. A mí, estos dieciochenos, se me asemejan, bastante, a los conocidos cuartillos de Enrique IV...

Poco a poco, se va abandonando esta visión frontal del monarca, hasta que imperan los perfiles de los rostros, mirando hacia uno u otro lado.

Son monedas, los dieciochenos, que sorprenden por la cantidad de variantes de estilo, que tienen.

lunes, 25 de febrero de 2019

Gorgueras y golillas en las monedas de Felipe IV

La vestimenta de Felipe IV, en las monedas de busto, es fiel reflejo de una época, en la que el monarca, alentaba y condicionaba, con su propias prendas, el vestir de toda una época.

Se le ve al "Rey Planeta", en numerosas representaciones, portando prendas de color obscuro, negro.

Un color, que tiene su tradición, allá por el siglo XV en Borgoña...y que recuperarán, tanto Carlos I, como Felipe II y Felipe IV, en mayor medida.

Por otro lado, el "negro", en este periodo, es fiel reflejo de riqueza, de élite, de autoridad de quien lo lleva.

Con el descubrimiento de las Américas (más sobre las Américas y Felipe IV) el mundo textil, se reinventa y atrae mucho protagonismo a España. La economía busca una nueva forma de expansión, gracias a esta "nueva disciplina", favoreciendo la apertura del mercado europeo (gran cuenta de ello, lo da, la Ciudad de Segovia en el siglo XVIII, con la producción lanar en auge, a razón de sus numerosos esquileos y lavaderos).

Los colores, con los que se tiñe la ropa, adquieren más fuerza, pues, se incluyen en los tintes, compuestos antes nunca utilizados... algunos, orgánicos, como la cochinilla... el color negro ("ala de cuervo"), se ve gratificado por estas nuevas técnicas.

Evidentemente, el color, no se podía representar en las monedas (hoy en día sí es posible...) pero esta obscuridad en los trajes, compartía protagonismo y casaba estupendamente, con un complemento, bastante innovador, que a parte, se convertía por pigmentación, en el antónimo por autonomasia, del "negro"; el blanco de la golilla.

Sí nos ceñimos a la moneda de busto propiamente española, en el período de Felipe IV, vemos, como aparece normalmente, en el cuello del monarca, una golilla, que substituye a las anteriores gorgueras tradicionales, éstas últimas, más almidonadas y claramente onduladas, con forma de abanico.

En el circulante de los Países Bajos de Felipe IV, se haya claramente esta transición entre ambas piezas. (Ver aquí)


Felipe IV con gorgera en forma de abanico. Ducatón de Amberes. Etapa de juventud del monarca.



Felipe IV con coraza y golilla. Ducatón de Amberes. Etapa de madurez del monarca.



Las gorgueras, como influencia patente de la moda flamenca, pasan a formar parte, del atuendo militar y de la corte española, en el siglo XVI.

Eran prendas de lujo que llegaban a costar más de 200 reales. Aparecían teñidas con unos polvos holandeses azules de un coste inimaginable... Constituía un verdadero despropósito, que la corona, subvencionara a este país ("insurrecto") en la compra de estos artículos.


En el siglo XVII, pues, abundan ya, las golillas, más simples en esencia, y en precio (a penas 4 reales y sin desembolso en mantenimiento) pero también de gran poder visual. Un cartón, forrado y almidonado, que "sujeta" la cabeza, a modo de bandeja.
Anteriormente, y por pragmática real, en 1623 (evitando así derrochar dinero en la compra de gorgueras), se había utilizado la Valona o tela decorativa, que normalmente, caía sobre los hombros y dejaba el cuello al descubierto. Ahora, ésta misma, se situaba encima de la golilla, procurándola recubrimiento y embellecimiento, en toda su extensión.

La prohibición de las gorgueras fue contundente por parte del monarca y de su válido, el Conde Duque de Olivares. Existen episodios diversos, en los que se citan a alguaciles, saliendo a la calle y cortando con tijeras, aquellas gorgueras, que "ostentaban demasiado"... Hasta muertes hubo.

A pesar de ser prendas más sencillas que sus antecesoras, conferían una verdadera tortura a aquellos que las portaban... Pesaban mucho e incomodaban por su exclusiva fijeza al cuello.
El monarca, obligaba el uso de la golilla bajo su real presencia, negándose a recibir a cualquier alto dignatario que no la llevara...la nuez debía esconderse.

Los maravedís de busto de Felipe IV, poseen esas golillas, en el cuello del monarca... al igual que otras monedas, de mayor valor intrínseco, como los 2 reales de Plata de 1643 con ceca de Madrid.

En algunas piezas, puede observarse como la golilla está situada encima del cuello de la armadura.


Jetón de Felipe IV con golilla encima de armadura.




En otras, no parece que el atuendo del monarca, sea una coraza.





8 maravedís de Felipe IV. Golilla encima de cuello de traje, seguramente un jubón.



También se ven piezas, en las que destaca en un plano más inferior a la golilla, una especie de Valona o pañuelillo.




Bustos de Felipe IV, de 16 maravedís, en los que se aprecia un pañuelo valona, bajo la golilla.




En monedas anteriores, al reinado de Felipe IV, podemos encontrarnos, claramente, con el uso de de las gorgueras. Tal es el caso, de los Ducatones de Alberto e Isabel, o los ducados de Brabante de Felipe II.


Ducatón de los archiduques de los Países Bajos, Alberto e Isabel, con ceca de Amberes. Rostros con presencia de gorgueras y armadura. (Más sobre tipos de rostro en los maravedís de Busto de Felipe IV)



Con posterioridad al reinado de Felipe IV, ya con el primer Borbón, Felipe V, la golilla se substituye por la corbata francesa.

lunes, 18 de febrero de 2019

El mercurio y la plata Indiana; fuentes de riqueza en la emisión de moneda del período de los Austrias


Cuando los españoles llegaron a las Américas, descubrieron técnicas ingeniosas, empleadas por los indígenas, en el tratamiento de los metales preciosos, adoptando algunas de ellas, en las diferentes casas de moneda, para producir lingotes de plata más puros (Más sobre la plata y su relación con el circulante de Felipe IV)

Los mecanismos que tenían los nativos americanos, en la purificación de los metales preciosos, eran, del todo novedosos, para los "invasores".


Las Guairas

Las guairas, eran hornos que utilizaban los nativos, para fundir los metales. Estos hornos, que se ponían a trabajar, en suelo indígena, y se retraían a la época de los primeros incas... Despertaron, un verdadero interés entre los conquistadores españoles.

Eras  las guairas, construcciones similares a las chimeneas, pero en una disposición invertida, construidas a veces, sólo por piedras, y otras, con la presencia de mortero, e incluso cerámica, y hueso...

Estaban  orientadas, en función del curso del viento... un aire soplado que le proporcionaba una mejor combustión, al favorecer la entrada inmediata de oxigeno, por aquellos orificios que albergaba...
Tenían también, diferentes oquedades, procuradas a estar destinadas a la evacuación del humo.
Dichas "chimeneas",  solían situarse, bien, en zonas elevadas, o en llanos, dependiendo de la intensidad y frecuencia del viento y eran movibles. Se alimentaban con carbón, y realizaba la fundición de metales, durante todo el día, ya que el viento las proporcionaba una continua fuente de energía.

La plata primitiva... aquellos pedazos de rocas, con todas sus impurezas, se introducía en estos hornos. Al fundirse a altas temperaturas, se evaporaba el azufre, y una ligera cantidad de plomo...quedando así, "lingotes de plata con cierta acumulación de plomo" que más tarde en diferentes procesos, serían purificados, gracias a la intervención del azogue, (el mercurio de la época) necesario, para separar el plomo de la plata. Una verdadera técnica revolucionaria observada por los españoles a principios del siglo XVI, concretamente sobre 1558.
Posible escoria de fundición, con alto contenido en cobre.

La plata se disponía en polvo, y era mezclada con el azogue. Se dejaba unos dos meses reposar en grandes patios, se lavaba y se fundía, iniciando así, su proceso de purificación. Para reducir los metales en polvo, se requiría la utilización de molinos de agua, o de sangre (Más sobre acuñación con molinos de agua) los cuales, trituraban las piedras con gran efectividad.
Los mineros indígenas ("ladinos"), se encargaban de sacar el metal de las minas.

Este método, con azogue, fue copiado por los españoles, para poder obtener plata pura y con ella realizar las acuñaciones que hoy día, son consideradas como las mejores de todos los tiempos.

En el reinado de Felipe IV la producción de plata y mercurio se vio mermada.

El azogue pasó a ser un elemento muy valioso para la corona española, tanto o más que el propio oro. Se han encontrado en ciertos navíos hundidos de la primera etapa borbónica, gran cantidad de cajones con mercurio, procedente de las Américas y de la Península Ibérica.

Hasta la llegada de los españoles a las Américas, no se había implantado en este "nuevo continente", un sistema monetario como tal, acorde al europeo. Los nativos comercializaban con distintos elementos, de los cuales destacaban el cacao como moneda de cambio principal ( el "xiquipilli"era la medida marco, equivalente  a  ocho  mil  granos de  cacao), el oro, casi preferiblemente en polvo... utilizado para confeccionar arte que invocarse a sus divinidades y entre otros metales, estaño, necesario para el proceso de ciertas armas.

Con la llegada de los conquistadores al Nuevo Mundo, y debido al descubrimiento y a la explotación, de minas argénteas desconocidas haga entonces, para aliviar la cantidad ingente de metales nobles que llegaban a la Casa de la Moneda de Sevilla, se empieza a establecer  una serie de cecas indianas, (Potosí, Cartagena de Indias, México, Nuevo Reino ...) que producen piezas, y que se envian con posterioridad, a Castilla, junto a lingotes de oro y plata sin acuñar... poco a poco, las monedas, irán instaurándose en las provincias americanas, como base de la economía nativa.

Una de las acuñaciones más hermosas, que existen, en el reinado de Felipe IV , con ceca Indiana, son los 8 reales a martillo (los columnarios)

Se explotaron yacimientos de mercurio en Almaden, Italia y Perú, al igual que minas de plata, por casi todo el territorio indiano, vislumbrándose sobre manera, las de Potosí.

En Huancavelica se encontraba uno de los yacimientos mayores de mercurio.

El azogue, como decimos anteriormente, se empleaba, para separar los metales menos nobles que contenía la plata. Una vez purificada, se confeccionaban en rieleras, los lingotes pertienentes, y se quintaban. Se extraía físicamente un 20% del 100% del lingote, como impuesto de quinto, y se marcaba el lingote, para dar fé, de este importe cobrado por la corona española.

El mercurio, también fue utilizado, por los falsarios, para cubrir mediante amalgamamiento, las monedas de cobre.

16 maravedís de Felipe IV, ceca de Madrid de 1663. Leyenda bastante atípica: "...Res" en sustitución de "REX". Falsa de época.

Los falsificadores, a veces utilizaban una pasta de plata y mercurio que se adhería a la moneda. Después, se calentaba a altas temperaturas, favoreciendo la evaporación de este metal líquido, quedando entonces, forrada la pieza, por plata pura.


Felipe IV, 16 maravedís. Sevilla, fecha 166?. Falsa de época.

viernes, 8 de febrero de 2019

leyendas desajustadas en los maravedís de busto de Felipe IV

Un amigo mío numismático, que centra su colección, sobre todo, en moneda medieval, Rubén, hace poco, me ha enseñado una moneda de Felipe IV (maravedí de busto). Concretamente, 16 maravedís con ceca de Segovia.

Ésto me ha abierto las puertas a confeccionar esta entrada.

Su pregunta hacia mi, ha sido la siguiente:

- "¿A ver si sabes, por qué la he comprado?"- a lo cual, después de examinar más detenidamente la moneda, le contesté:

- Me supongo que por el 3 de la fecha-

Ciertamente no estaba equivocado.
Por el momento, no había reparado "más de la cuenta" en este tipo de detalles, hasta que él presentó una posibilidad, la verdad, bastante adecuada a lo que el sentido común aconseja.


16 maravedís de Felipe IV con ceca de Segovia de 1663. Foto prestada por Rubén Rojo, moneda de su colección.



Sk vemos la fecha de esta moneda, observamos rápidamente como el 3 está metido a "cajón" dentro de la leyenda. Si ese número hubiera seguido con la coherencia espacial de los demás dígitos de la fecha, habría colisionado al final, con el principio de la corona del escudo de armas.

Se nos presenta el 3, raquítico y alto, justamente para poder situarse donde le corresponde (aunque algo más enjuto y elevado).

Aquí, parece, que el abridor de cuños, no "calculó" bien las distancias de las leyendas... Pero es un fenómeno que suele ocurrir con bastante asiduidad en este tipo de piezas...no es la primera variante de este estilo que veo de esta guisa.

¿Entonces, a qué es debido ésto?

Vamos a intentar hipotetizar las respuestas a esta incógnita tan interesante.

1) Posiblemente, el grabador, se enfrenta al cuño sin ningún tipo de plantilla, por lo menos, en lo que respecta a las leyendas...pues de no ser así, lo lógico, es que todas los números y letras de las mismas, estuvieran bien alineados y gradualmente espaciados (ya que tendría margen de corrección antes de pasar el trabajo al metal). Este "error" parece más bien, una equivocación sobre la marcha.

De repente, el abridor de cuños, (Más sobre procesos de acuñación) se da cuenta, de que se le queda corto el espacio donde grabar y no tiene más remedio que adelgazar el número y elevarlo, para que quepa dentro del espacio destinado a la leyenda.

Podemos observar, que el momento que desencadena este problema, viene de antes. La fecha se va torciendo ligeramente a derechas, cogiendo una inclinación un poco acentuada hacia el interior del campo de la moneda, alcanzando  su máximo grado de inclinación, en el segundo 6...este desencadenante, produce que la leyenda, se acerque mucho más a la corona del escudo y haya menos margen de actuación.

2) Es, como vimos anteriormente, bastante casual, encontrarnos con el último número de las fechas de ciertos Felipes descentrados, inclinados y girados...sería lógico pensar, que cabe la posibilidad de que los cuños estén repetidos, copiados, en sus inicios.

Si tuviéramos cuños similares para grabar distintas monedas, con fechas de sólo tres dígitos, podríamos introducir el cuarto de ellos cuando el año de emisión cambiara...así, sólo modificaríamos lo que respecta a la fecha, evitando tener que confeccionar un cuño nuevo...aunque en esta teoría, no encaja bien, que el artesano dejase tan poco espacio para futuras intervenciones... Tal vez, el ojo del grabador, vio más completa la moneda, sin ese cuarto dígito en su concepción, y artísticamente, acercó la fecha al escudo, pasando por alto que tiempo más adelante, tendrían que colocar el cuarto número.

Por otro lado, este 3, incluso podría tener distinto arte, y ser del mismo grabador o de otro distinto (factor que afianzaría más está segunda hipótesis)

Conclusión:

A expensas de escuchar nuevas teorías (cosa que os animo a hacer en los comentarios de esta entrada), yo me quedo con la primera opción, por dos motivos fundamentales:

- Por la inclinación de la fecha hacia el margen inferior derecho. (Considerando este dato, como un "error" en la precisión en el grabado del abridor de cuños)

- Por el desajuste de más palabras en las leyendas...no sólo las fechas de estos maravedís de busto sufren estos pormenores, también se acometen éstos, generalmente al principio de las leyendas...tal es el caso de la misma moneda, en la que se puede ver la desalineación de las letras de la palabra Hispaniarvm, aunque menos acentuada que en otras piezas.

miércoles, 23 de enero de 2019

Falsificaciones de busto sobre monedas originales

En relación a las falsificaciones de los Felipes de busto, existen básicamente, dos modelos existentes;

1) Aquellos, en los que nos encontramos, un cospel inmaculado, como si estuviera la moneda recién acuñada, sin muestras de marcas anteriores. Ésto, podría deberse básicamente a varios procedimientos:

. Ocurría, a menudo, en las cecas oficiales, que con la producción de moneda incipiente de cobre, se aprovechaban piezas de años anteriores, evitando así los gastos generados en conseguir aquellos metales destinados a crear circulante nuevo. A veces, estas monedas se aplastaban a martillazos, sin dejar rastro del arte anterior, asegurando con ello una impresión óptima del nuevo cuño. Los falsarios, después del amartillado, en el que adelgazaban y estiraban las monedas, las cortaban y acuñaban.

. Otras veces, las monedas originales, se fundían y se creaban con ellas, cospeles o rieles nuevos, donde poder estampar los cuños asignados.


Por ello, no es de extrañar, que los falsificadores, imitarán estas técnicas oficiales. Así que,  lo más probable, es que fundieran las piezas o las golpearan, para no dejar rastro del arte antiguo de las monedas y evitar tener que conseguir materia prima nueva, con un mayor coste en la elaboración de sus monedas.


Dichos módulos, se presentan a nuestros ojos, a veces perfectamente nítidos y con un arte, esmerado y cuidado,  tentándonos al engaño, en cuanto a diferenciar esas falsificaciones con las propias monedas originales. Sevilla es una de las cecas más imitadas y suele gozar de diseños muy acertados.

2) Aquellos, en los que se ven resellos anteriores, o leyendas o diseños, de las piezas originales.


Posibles IV maravedís de Felipe IV (falsa de época) sobre moneda original de IV maravedís de Real Ingenio de Felipe III u 8 maravedís de Real Ingenio de Felipe III o IV. Visible la leyenda de la moneda original.

En estos casos, los falsarios, no consiguieron erradicar los "dibujos" de estas monedas, o bien por premura en el trabajo, o bien, por dejadez o simplemente, por asegurarse una reducción de la pena en caso de ser apresados por delito de falsificación. (Cuanto menos se pareciese la falsificación al modelo original, más posibilidades tenía el falsario de minimizar los castigos)

Puede, que sean piezas, en las que no se aplicaron los procedimientos anteriormente descritos, o tal vez, sí se acometieron, pero ligeramente. También, es posible que acuñaran directamente sobre las monedas originales, sin aplanarlas, quedando zonas de grabados de cuños anteriores y cuños recientes, aunque lo más probable, es que amartillaran las monedas para aplanarlas.

Estas reminiscencias de piezas anteriores, son más raras de encontrar y aportan evidentemente, mejores datos sobre la historia de este tipo de monedas, por lo que, personalmente, creo que alcanzan un grado de atractivo mayor.


4 maravedís de Felipe III u VIII maravedís de Felipe III o IV de Real Ingenio de Segovia, como moneda original, con resello a 8 de 1651/2. Encima, 16 maravedís falsos de época con ceca de Sevilla.


En ocasiones, el descuido, o la intencionalidad propia, en la acuñación, ha sido más que evidente... también se han improntado cuños mayores, en módulos más pequeños, correspondientes a valores menores. Esta práctica, puede incluso observarse, en monedas labradas en cecas oficiales y en distintos periodos, bien como pruebas o errores...

Seguramente, existan falsificaciones de época, de estos Felipes, sobre moneda original, con módulo de menor tamaño al que debería corresponderse. Para el falsario, era mejor práctica, ya que de ser así, ahorraría capital. Sólo tendría que estirar el flan a martillazos, hasta conseguir el tamaño deseado, y asemejarlo a un módulo mayor (aunque con menor peso y menor grosor).

En circunstancias determinadas, estiraban monedas originales de gran módulo, que luego, al ser aplanadas y alteradas en una mayor elongación, eran cortadas, aprovechando las distintas secciones resultantes, para reacuñar moneda nueva...sacando así, de un solo flan, varios de ellos.

La práctica de seleccionar moneda antigua para improntar artes falsos, desde mi punto de vista, soluciona una de las incógnitas que se centra, en desentrañar, el "por qué" ciertas monedas de los falsarios, poseen liga de plata...y ésto es debido, sin duda alguna, a que los cospeles de anteriores pragmáticas, ya la albergaban en sus flanes.

Más sobre plata en monedas originales de busto de Felipe IV (aquí y aquí).

Para favorecer a la hacienda española, destinada entre otras cuestiones, a las subvenciones de las diferentes guerras, (más sobre altercados catalanes, guerra contra Francia e independencia portuguesa) se  empezaron a cobrar ciertos impuestos. Uno de ellos, el de almojarifazgo (impuesto de aduanas) aplicando un 5% sobre todos los bienes exportables e importables del territorio peninsular.

Existía también, el Derecho Real de Tonelada, a partir del cual, se cobraba mínimo, un 35% del valor de mercado, de los bienes que albergara el barco, y que llegaran a la tonelada de peso.

Por otro lado, a todo comerciante, que llevara su plata a la respectiva casa oficial de moneda, para ser convertida en lingote, se le exigía un impuesto, por Derecho de Cobos (denominado así por el nombre del secretario del rey Carlos I, Francisco De Cobos) por los gastos de ensaye, fundición y marcado, y en apreciación de quinto real (impuesto sobre la quinta parte de los metales preciosos extraidos en zona de la corona española. El 20 % de las explotaciones mineras le correspondía al rey). Estos lingotes, confeccionados a partir de la plata traída, recibían la consideración de "monedas mayores". Tenían curso legal y con ellos, se podían realizar grandes transacciones económicas.

Los falsarios, también emascaraban la plata y el oro en forma de monedas (falsificaciones de monedas en oro y plata), y las cubrían con un baño de cobre, para no llamar la atención sobre ellas.

8 maravedís de Felipe III o IV, con resello a 8 de 1651/2 y resello del anagrama PVS/RX de 1658/9. Seguramente es una falsificación "de contrabando", hecha con plata extraída de las Américas, cuyo baño de cobre ha desaparecido. Pieza muy rara.


Conseguían así, evadir dichos impuestos... Y una vez, asentadas estas piezas en tierra ibérica, se fundían, y reutilizaban para diferentes cometidos.

miércoles, 16 de enero de 2019

El marco castellano y su relación con las primeras emisiones de 16 maravedís.

El 29 de Octubre de 1660 se establece mediante Real Pragmática, la tercera etapa de producción monetaria del Rey Planeta. 

Fueron años convulsos y complicados en cuanto a la economía española. La moneda, sufría en sus propias carnes, las continuas marcas de los diferentes resellos, ordenados años atrás, y perdía confianza ante los comerciantes, por culpa de un intermitente encarecimiento de la liga de plata y una abusiva y continua imitación, en el quehacer de los falsarios, que sorprendentemente, en ocasiones también utilizaban plata en sus trabajos. ( Más sobre liga de plata en falsificaciones)

Se establece en esta incipiente ordenanza, que la liga de plata en estos nuevos vellones, esté compuesta en una proporción de ley (unidad de medida que define la pureza de los metales preciosos. Quilates en oro, granos en plata) de 200 milésimas (la plata también se mide en milésimas: "1.000 milésimas" pureza máxima.  En realidad, de estas 1.000 milésimas, en monedas de plata "pura", se dejan 75 milésimas para el metal que se alea con la plata, siendo la ley de la plata de cada pieza "pura" de 925 milésimas, por cada moneda. La pureza máxima de la plata, en monedas, es entonces, 925 milésimas, o 280 granos, o 12 dineros. (No confundir con los granos del mínimo divisor del marco)
Estos maravedís, tendrán un valor nominal mucho más alto que el intrínseco (el porcentaje de plata no va a ser siempre el mismo)... Lo que provocará, que de 1660 a 1664, sea el periodo más falsificado de toda la numismática española, ya que el beneficio de los falsarios es mayúsculo. 
16 maravedís de Cuenca.

La pragmática indicaba: "Lábrese una moneda de plata fina ligada con cobre, en lugar de la de vellón simple"...llamadas de "vellón rico" con un contenido de "20 granos" (una catorceava parte de 280 granos) de plata (69 milésimas de fino), con un diámetro de 25 a 27 mm, labrándose 51 piezas por marco castellano. Haciendo cuentas, sale un 7,14 % de plata por cada pieza de 16 maravedís, en relación al fino de la plata de 280 granos.

El marco castellano ( patrón de peso o unidad de canon ponderal) equivalía a 230 gramos. Por lo que la talla de cada unidad ponderal, suponía en maravedís, 51 piezas de unidad mayor (16 maravedís) de 4,51 gramos cada una (cuya suma total dan esos 230 gramos).


Hasta esta nueva etapa, con el reinado de Felipe IV, no se había superado el valor de 8 maravedís. En épocas anteriores, la moneda de cobre con valor más alto (a veces con liga de plata) fueron los 8 maravedís, superados únicamente por los conocidos cuartillos u 8 mavaredís y medio. A partir de 1660 (Primeros años de los Felipes de busto) como dijimos anteriormente, se establece un nuevo valor, el de 16 maravedís con 4,51 gramos cada pieza. Este nuevo vellón, está realizado por acuñación a molino (o bien de sangre o bien de agua). 
16 maravedís con ceca de Valladolid.


También se conocen piezas acuñadas a martillo, pero no de este valor. En esta nueva moneda, se presenta en el "anverso" al busto del monarca, mirando a derechas (a veces con fecha) y en el reverso el escudo de armas junto con la marca de ensayador, valor y ceca (a veces con fecha).

Con la Pragmática de Medina del Campo de 1497 de los Reyes Católicos, se fijó en 34 maravedís la equivalencia del real de plata. Anteriormente a la pragmática, había sido de mucho menos, de 32 maravedís.

Con Felipe IV, la suma de dos módulos de 16 maravedís constituyen casi un real; 32 maravedís, faltan 2 para constituirlo.

Los 16 maravedís, se quedan a 1 maravedí de conseguir la equivalencia del medio real (que son 17  maravedís). Con esta medida se conseguía así evitar crear demasiada calderilla, para intentar no entorpecer las relaciones mercantiles existentes. Estos 16 maravedís contemplarán marca de ensayador, debido al porcentaje de liga de plata que poseen (no siempre se dará el caso de la misma proporción...)

Las penas por falsificación  se incrementaron. Estos maravedís, iban a ser el juguete preferido de los falsarios. Por un lado, su gran valor nominal incentivaba a estos falsificadores, de tal manera, que anteponían a veces los grandes beneficios obtenidos, a su propia integridad física.
Por otro lado, a mayor cospel, más facilidad en realizar el arte de las monedas.

16 maravedís. Córdoba. Rara

Os dejo dos enlaces sobre este tema, para que podáis profundizar. Son del Blog numismático de Adolfo Ruiz Calleja. Os recomiendo que los leáis, y que no paséis de largo los excelentes comentarios que se publican en su blog.

Enlaces:
El Vellón a Molino de Felipe IV (Adolfo Ruiz Calleja de Blognumismatico.com)

Pesos y Leyes en las Monedas de la Edad Media y la Edad Moderna (Adolfo Ruiz Calleja de Blognumismatico.com)

sábado, 12 de enero de 2019

Cajas organizadoras de monedas

Una muy buena opción para guardar las monedas de tu colección, es, introducirlas en las cajas de cartón que confeccionan al efecto, las diferentes empresas de material dedicado a la numismática.


Estas cajas son muy funcionales, ya que pueden albergar un gran número de piezas y posibilitan un almacenamiento correcto y bastante espacioso de nuestras monedas.

Vienen con la típica bolsita de bolitas que absorben la humedad.

Normalmente son de cartón duro, con presencia de brillo en la superficie externa, factor que las hace más llamativas. Por dentro suelen tener compartimentos, de un tamaño ajustado a la medida que necesitan los cartones que guardan las monedas (más aquí), y a las cápsulas Quadrum Intercept.

Están compuestas, estas cajas, por dos módulos; el superior que encaja perfectamente con algo de presión, y el interior, que es donde se almacenan las diferentes piezas, generalmente de manera vertical, con el canto asido al "suelo".



El interior suele venir tintado de negro, y él mismo, suele guardar espumillas separadoras y fijadoras para las piezas.
Ésto, facilita, que los cartoncillos no se caigan, y nos permite establecer supuestas separaciones entre unas series y otras.

También podemos ordenar las monedas y "señalizarlas" con cartoncitos en los que previamente hayamos escrito las peculiaridades más significativas de las piezas, como el reinado, el año, el material del que están hechas, si son monedas originales o falsificaciones (aquí sobre falsarios de numerario de Felipe de busto)... Y un sin fin de posibilidades, en función del tipo de colección que cada uno enfrenta.

Cartones organizados según reinado.

Estas señizalizaciones las colocamos delante de las piezas que hemos clasificado,  garantizando una mejora en el orden visual de nuestras piezas, y dándole más sabor a la organización de nuestra colección.


Son económicas y resuelven problemas de espacio. Yo las recomiendo. No son tan impactantes como los estuches y necesitan de cartones, cápsulas o sobres para organizar la colección... Pero aún así, son llamativas y funcionales, tanto como los estuches metálicos.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Liga de plata en las falsificaciones de los Felipes de busto

Los procedimientos que utilizaban los falsarios en el numerario de Felipe IV (referido a los maravedís de busto) para lograr una similitud visual idéntica a las monedas originales con liga de plata, eran variados.


16 maravedís de Felipe IV, fecha peculiar, improbable, posterior a la pragmática. 1666. Madrid. Falsa de época. Sin aparente liga de plata.

La moneda de vellón de Felipe IV, de la serie 1660 a 1664, ha sido la más falsificada de la historia española. En el primer año de producción, cuando los cospeles se acuñaban exclusivamente a martillo, los falsarios "hicieron su Agosto". Tal fue el volumen de piezas imitadas, que en Octubre de 1661, en Sevilla, se determinó, que 7 de cada grupo de 8 monedas en circulación, eran falsas...tuviendo que suspender la acuñación a martillo, propiciando gracias a ésto, la aparición de las piezas labradas a través de molinos de agua y "sangre" en la mayoría de las cecas oficiales. (Más sobre cecas oficiales)

8 maravedís de Felipe IV de 1661 con ceca de Madrid. Plateado original. Moneda original.

A menudo, para lograr el aspecto plateado deseado en los flanes, los falsificadores, después de que la moneda había sido acuñada y cortada, la introducían en un baño de aguafuerte, consiguiendo con esta práctica, que el cospel, cogiese un tono blanquecino parecido al aspecto final que detentarían las monedas originales, cuando en éstas, mediante procesos químicos, se garantizaba que la plata, ascendiera hasta la parte superior de la moneda. Era un método, el del agua fuerte, por lo visto, fiable (se sabe que fue utilizado comunmente, en las falsificaciones de los conventos y abrigos rocosos cordobeses) y de bajo coste.

En zonas rurales, la falsificación de moneda, era más notable que en las ciudades, y estaba mejor organizada... Contaba con más medios materiales, y con "ayuda" de personas de carácter público importante...
16 maravedís de Felipe IV de 166? con ceca de Sevilla, con posible liga de plata. Falsa de época.


Otros de los métodos que empleaban los falsificadores, para conseguir resultados tan vistosos, era el de cubrir la moneda, con un baño de plata mezclada con cobre.

En este segundo procedimiento, los rieles, antes de pasar por los rodillos de acuñación, se sumergían en una aleación de cobre y plata.

Tales fechorías en la falsificación, tenían como premisa, utilizar evidentemente menos plata de la que gozaban ciertas monedas de curso legal. Al término de este segundo procedimiento, se sometía a los cospeles, a diversos tratamientos con ácidos, para mejorar si cabe aún más, el aspecto exterior de la pieza, que debía ser similar a las monedas originales acuñadas en las respectivas cecas. En ocasiones, la plata que se aleaba con el cobre para estos baños, se sacaba de otras monedas de vellón, a partir de una solución de azufre, que conseguía separar ambos metales. Este método, era sin duda alguna más costoso, que el primero que hemos nombrado, pero dejaba constancia física de mejores resultados.

8 maravedís de Felipe IV de 1662. Ceca de Madrid. Excelente plateado. Muy rara así. Moneda original.

El núcleo de estas monedas falsas, era de cobre y a veces provenía de resellos anteriores a la pragmática de 1660.

16 maravedís de Felipe IV con ceca de Valladolid. De 1663. Restos de plata en reverso. Moneda original.

La plata fue utilizada por ciertos falsarios, en esos años tan difíciles, para falsificar las emisiones de los Felipes de busto, y fue decayendo masivamente en el último periodo de 1664, donde muchas de las monedas falsificadas, eran exclusivamente confeccionadas con cobre (vellón grueso)...ante dicho panorama dantesco, con este descomunal desorden monetario, y la hacienda española tan resentida, el rey da orden de reducir el valor de este tipo de circulante a la mitad, rematando por completo la reputación del circulante de la serie de 1660 a 1664. Se abole la acuñación de los Felipes de busto, en el mes de Octubre de este último año.

16 maravedís de Felipe IV con ceca de Segovia de 1664. Restos de plata. Moneda original.

Las falsificaciones eran más productivas, cuando se realizaban, teniendo como referencia, a monedas de gran módulo de plata o con liga de plata (vellón rico), así que los duros, o doblones, los reales... fueron también piezas a tener en cuenta... De ahí que algunos falsificadores recibieran motes tales como; * "cagadoblones" "boca de ochavos"...


Alguna fuente consultada

* Del  estudio "Aspectos de la Delincuencia en el Siglo XVIII. Las Bandas de Falsificadores de Moneda" de Jesús Cruz Valenciano.

"Certificación Analítica del Uso de Plata en moneda falsa de vellón de Felipe IV" de Rafael Carmona Ávila

sábado, 15 de diciembre de 2018

Nomenclatura de monedas en la época de Felipe IV

Existen una serie de términos, de uso cotidiano, que primaron en épocas pasadas, para designar a las monedas de busto de Felipe IV, en función del valor de las mismas.

El primero de ellos; "carilla"; para denominar a este nuevo tipo de monedas de busto con valor de 16 maravedís, en el que por segunda vez, desde los excelentes de oro de los Reyes Católicos, se nos muestra en el reverso, la cara del monarca (hasta entonces se grababan castillos y leones). Digo, reverso, considerando, que normalmente es en el anverso, donde suelen aparecer marca de ceca y valor, no dándose el caso en este tipo de piezas.

16 maravedís, con ceca de Sevilla

Esta característica, de situar el busto del monarca en una de las caras de la moneda  y el escudo cuartelado, o león, o castillo, en la otra cara, se transmite en los demás valores de las monedas.

"Cortadillo": normalmente se denominaban con este nombre, a las monedas de VIII maravedís de Felipe III y Felipe IV (león o castillo en reverso o anverso) seguramente, porque eran piezas mal recortadas, a causa del proceso de acuñación a martillo (primero recorte, y luego cospel recortado acuñado). El recorte era irregular... Con las nuevas monedas acuñadas a molino, se subsanó este problema...el cospel se acuñada directamente en el riel, y después se recortaba.

Es lógico pensar, que la nueva moneda de vellón de Felipe IV (1660 a 1664), con valor de 8 maravedís, en algún momento se designara por el nombre de "Cortadillo".

8 maravedís de Felipe IV anterior a la moneda de busto de 1660.


"Gongorino": moneda de vellón de Felipe IV con valor de 4 maravedís. Término que puede aludir al poeta y dramaturgo español del siglo de oro, Luis De Góngora... Quién tuvo contactos con el Valido del Rey Felipe IV, el Conde Duque de Olivares.
El nombre más genérico, que se usaba desde hace tiempo como nomeclatura de las monedas con valores de IV maravedís, era el de un "cuarto".

4 maravedís de con ceca de Madrid.


"Perendengue": nombre dado a las monedas de valor de II maravedís de Felipe IV de busto. Los perendengues, eran a su vez, pendientes con poco valor intrínseco, que solían lucir las mujeres en las orejas, de ahí, que estas monedas (calderilla), cogieran esta denominación popular.

Los "ochavos" eran más propios en la época de Felipe II, con monedas de 2 maravedís, aunque también con Felipe IV se sigue dando este valor (maravedís de busto).

2 maravedís de Felipe II, con ceca de Cuenca.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Rostro de Felipe IV en los maravedís de busto: Fiel reflejo de una sociedad

El prognatismo es una enfermedad que se da normalmente en la mandíbula inferior, consistente en una deformación de la misma, recibiendo el rostro una asimetría bastante protuberante que suele afearlo.


En el reinado de los Austrias, este defecto, estaba propiciado por las relaciones consanguíneas endogámicas que se dieron a lo largo de los siglos. Esta enfermedad, claramente genética, acusó en mayor grado los mentones de Carlos I y Carlos II.

Con Felipe III y Felipe IV, la enfermedad también dejó entrever su aspecto poco afable, aunque bastante menos acusado que en su antecesor, Carlos V de Alemania.
Tal enfermedad no poseía los avances médicos del siglo XXI e imponía una verdadera tortura a aquellos que desgraciadamente la poseían. La dificultad en el habla podía ser notoria, ya que el maxilar superior e inferior no solían nunca juntarse, dejando una separación en centímetros, eterna entre ellos, que impedía la buena articulación del lenguaje.
La masticación de los alimentos, también se hacía difícil, y en casos dolorosa.

Podemos observar en ciertos bustos de los maravedís de Felipe IV, esa mandíbula tan prominente.


Lejos de esconder el "defecto", parece como si el monarca se vanagloriara del mismo, como símbolo y distinción de una casta real poderosa. Orgulloso de  la dinastía austriaca y trastrámara, el Rey Planeta, exibe su prominente mandíbula, en muchos tipos de busto de estas monedas de vellón.


Aún así, consciente de esta "deformidad", la intenta suavizar con la presencia de una pequeña perilla y de un bigote afilado, que compensa visualmente tal asimetría.




Pasaba lo mismo con los lunares, eran postizos que se colocaban en el rostro para conseguir un "mayor atractivo". En el caso de los bustos de Felipe IV, esos lunares que detenta en muchos casos el monarca en sus acuñaciones, se deben más a un proceso técnico que a un fiel reflejo de esa sociedad (ver las marcas guías en los maravedís de busto de Felipe IV).



Ciertamente, Felipe IV siguió los cánones de la época, en cuanto a estética se trató. Tal reflejo de dicha circunstancia, se plasma también, en sus monedas de busto.
En el siglo XVII, los peinados masculinos se realizaban con la raya a uno de los lados, incorporando el llamado tupé. Los bigotes adquirieron en muchos casos, dimensiones esperpénticas, en los que los finales de las puntas, señalaban hacia arriba.


Parece ser, por los cuadros de Velázquez, que en la etapa de juventud de Felipe IV, el uso del bigote en él, era bastante habitual, no dándose el caso de la "barba", que no tuvo lugar hasta más avanzado el tiempo. Ya, en la marudez, se percibe ese vello en la parte inferior de la mandíbula, como así se nos muestra en los últimos cuadros del pintor sevillano, sobre este rey, allá por principios del 1657, época ya, muy cercana a las nuevas acuñaciones de la serie de 1660 a 1664, en las que se puede observar estas peculiaridades, en el rostro del monarca.

Diego Rodríguez De Silva Y Velázquez, retrató al monarca en numerosas ocasiones, de una manera realista, sin idealizar la figura del rey. En estas pinturas, se puede ver claramente dicho alargamiento del rostro, que también es patente en los maravedís de busto.