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martes, 18 de septiembre de 2018

Corregir monedas dobladas

Hace poco recibí de un amigo, una moneda de 16 maravedís de Felipe IV, completamente doblada sobre sí misma. La doblez era tal, que llegaba a juntarse el cospel, conformando casi una semicircunferencia. Un pequeño vano, salvaba esa pequeñísima distancia entre las dos paredes del mismo reverso.
8 maravedís de Felipe IV, algo corregida antes de aplicarla calor.

Tenía bastante buena pinta, pero sabía de antemano que una mala decisión daría con la pieza al traste.
Así que, ni corto ni perezoso, me puse a indagar sobré qué método sería el más indicado para tratar a esta desafortunada moneda.

Afortunadamente, di con uno que me satisfizo nada más verlo, y me alegró haberlo elegido, después de tan buenos resultados.

Frente a monedas de este tipo, lo mejor es actuar con prudencia y no dejar ninguna posibilidad de error en nuestra manipulación.

Cogemos la moneda y la depositamos en la base de una pequeña olla. Es decir, damos la vuelta a la olla, y colocamos encima de su base a la moneda (por la parte donde recibe el fuego)

Nos hacemos con un soplete (podéis adquirirlo seguramente en cualquier tienda con productos para la cocina...) en mi caso, elegí un pequeño quemador para azúcar (cremas catalanas, ponches segovianos y demás delicatessen...)

Lo encendemos y enchufamos diréctamente la llama sobre el cospel... y sin miedo, esperamos hasta que éste se ponga rojo, pasa por gamas de color, como el verde y el azúl...
A veces es mejor llegar solo a esta gama de colores, para que la pátina no se resienta tanto... Hay que tener más cuidado y paciencia con el rodillo.

cuando veamos que está lo suficientemente caliente (al rojo vivo) con una cuchara, u otro utensilio, empujamos la pieza hasta dejarla caer en un recipiente lleno de agua, que previamente habremos dispuesto cerca de la olla, por comodidad. (Ojo, no coger la moneda, que quema)

Moneda literalmente al rojo vivo.


Esta operación la haremos unas cuantas veces, dependiendo del grosor de la moneda y de su flexibilidad.

Intentad no ceder mentalmente, y frenar el impulso de abrirla con procedimientos mecánicos.

La moneda, va cediendo sola, y cuál ostra, va abriendo su concha, con cada repetición de fuego y agua.

Sorprendentemente, la moneda va cediendo sola, como "por arte de magia".

Llegará un punto en el que esté casi del todo abierta, es el momento de empezar a meter otra variable dentro del procedimiento de desdoblamiento.

Cuando llegue ese instante, repetiremos el mismo tratamiento; calor, y agua... rápidamente la sacamos del recipiente y la colocamos en una superficie plana (bajo ella, un trapo para no rayarla) y por medio de un objeto cilíndrico (lápiz, boli, rodillo....) Apretamos levemente y giramos de alante a atrás, hasta abrirla un poquito. Aquí es donde hay que tener cuidado y no ser impaciente. Que ceda una poco la moneda, pero no la forcemos a más. Repetiremos después el proceso de quemar y sumerjirla en agua, para acontinuación utilizar de nuevo el rodillo... Así cuantas veces sea necesario...podemos alcanzar las 6 repeticiones o más...llegará un punto en que la moneda consiga plenamente su horizontalidad, y será el momento de aplaudir, pues tendremos la pieza corregida.

Cuando la moneda no posee un metal en condiciones, la pátina se resiente mucho...hay que volver a despatinar y repatinar...

Moneda terminada. Repatinada y protegida con cera. 


Misma moneda con distinta iluminación. A mí parecer, falsa de época.


El acabado muchas veces, depende del estado de conservación de la pieza.



4 maravedís de busto fe Felipe IV acuñados a rodillo. La Coruña, 1662. Vellón rico, esta pátina es estable.

El inconveniente de este método es que la pátina se obscurece, pero tendremos una pieza buena para nuestra colección, (si ésta poseía buenos relieves, y lo más importante, sin marca del pliegue primigenio)

Un dato a tener en cuenta, si hubiese que limpiar la moneda (métodos de limpieza, aquí), hacerlo después de haber efectuado este procedimiento, porque la escoria y suciedad de la pieza, protegerá a la pátina del calor del soplete.




lunes, 17 de septiembre de 2018

Repatinado con atmósfera de amoniaco

En esta nueva entrada, vamos a contemplar una buena forma de repatinar monedas.

Inevitablemente, ciertas piezas han tenido que ser limpiadas de forma drástica, viéndonos obligados a eliminar toda su pátina, conseguida al cabo de tantos años. (Ver más sobre métodos de limpieza, aquí)

El proceso de repatinado es importante, ya que, aunque se conforma una pátina artificial, ésta nos sirve para frenar el avance del cáncer de cobre y ayuda a proteger al cospel frente a los agentes externos.

Esta moneda la compré en un lote de piezas antiguas. Nada más verla, lo primero que hice es apartarla del resto, para no contagiar a sus "colegas".
Módulo de 8 maravedís completamente infectado de cáncer de cobre. Anverso.



La limpieza y la consecuente repatinación, nos sirve en el caso que nos ocupa de dos maneras:

Por un lado, conseguimos quitar toda esa costra oxidada e inestable, que entorpece el arte del cospel, y por otro, saneamos el metal y le damos una protección extra.


Por el módulo y el reverso, sabía que eran 8 maravedís, pero dudaba entre Carlos III, Carlos IV, Isabel II e incluso Fernando VII.

Método

Cogemos un frasco de cristal y forramos las paredes de su interior con papel de aluminio. Exprimimos el zumo de un limón y hechamos una cucharada grande de sal. Removemos e introducimos el mejunje en el frasco. A continuación depositamos la moneda.
Zumo de limón en contacto con la moneda. (Se van desprendiendo todas las impurezas)

Este proceso puede ser lento.

La moneda que mostramos, estuvo dentro del líquido 6 horas, hasta que se desprendió todo el cáncer y la pátina desapareció por completo, mostrándonos el color de la moneda, a flor de piel, con ese tono rojo dorado.

Después de tres horas, todavía quedaba cáncer por quitar.

Una vez hemos conseguido despatinar por completo la moneda, nos toca volver a repatinarla.
Para ello, cogemos un frasco de cristal, vertemos amoniaco (en mi caso eché amoniaco y algo de vinagre, para conseguir una pátina más verdosa) y colgamos de la tapa mediante un hilo a la moneda. Ésta tiene que quedar a excasos centímetros del líquido (nunca tocarlo) suspendida en el aire a unos 2 o 3 centímetros.

La dejamos durante unas horas o días... El tiempo depende del metal de la moneda y de la pureza del amoniaco (cuidado con los gases que vierte...)



Anverso y reverso después de estar un día entero sometida a los vapores del amoniaco. Ya distinguimos que es un Carolus.

Con respecto a la moneda en cuestión, diré que no me convenció del todo el efecto conseguido después de un día entero, así que froté de nuevo con cepillo de dientes y procedí a repetir el repatinado.

Conseguí tenerla un día y medio más, cuando la saqué, observé unos puntos verdes al rededor de todo el cospel (aquí no hay que asustarse). Después, la volví a meter en el frasco y llegué a los dos días con dicho proceso. Las manchas verdes se volvieron color esmeralda, y es cuando decidí sacarla.



Anverso y reverso después de estar sometidos a 48 horas de vapores de amoniaco.


A veces las pátinas artificiales son uniformes y otras juegan libremente, creando distintas composiciones de colores.
Una vez hemos sacado la moneda del frasco, hay que frenar el proceso de los ácidos. Para ello, pasaremos la llama de un mechero por encima del anverso y del reverso, durante el tiempo que creamos oportuno (cuantos más segundos, más se obscurecerse la pátina)
Después la metemos en agua (preferiblemente destilada) un buen rato, la sacamos y secamos.

Una vez seca, la untamos con cera microcristalina, para preservarla.

El último proceso podemos saltárnoslo si queremos. En éste, si queremos, mojaríamos la moneda y la untaríamos inmediatamente con arenilla. Depositamos la arena encima de la superficie mojada de la moneda y con el dedo restregamos todo el cospel. Dejamos secar y vamos quitando con trapo y dedo, el sobrante (con mucho cuidado) y sin presionar en exceso.

Este último método puede darnos muy buenos resultados, y gracias a él, observamos como las leyendas y parte del arte de la moneda se destacan.


Moneda terminada, lista para ser encapsulada. Tierra que remarca los relieves. 8 Maravedís de Carlos III de Segovia 1785.

jueves, 13 de septiembre de 2018

Busto a izquierdas de maravedís de bustos originales de Felipe IV

Generalmente, los maravedís de busto, tienen una característica que los hace a casi todos comunes, y es, que el rostro del monarca, aparece mirando a derechas.

Con esta seña de identidad, es fácil diferenciar a aquellas monedas falsas de época, con las que no lo son, pues las piezas en las que los bustos miran a izquierdas, normalmente, siempre serán consideradas falsas.

No obstante, como imagináis,  hay excepciones que vienen a confirmar la regla.

De un tiempo a esta parte, me viene a la cabeza la duda de por qué el busto de Felipe IV, normalmente en este tipo de monedas, mira a derechas. No sé si respondía a las pertinentes pragmáticas, o es que el abridor de cuños, tenía potestad para establecer este tipo de orientación, no sé si se debía a una ideología, o a una cuestión simplemente estética...

Considero, por otra parte, que en las monedas falsas de época que miran hacia la izquierda, la motivación podría responder a varias causas:

Esta fue la moneda (maravedís de busto), ciertamente más falsificada en la historia de la monarquía española, por ello, no es de extrañar que los falsarios basándose en lo que veían, cambiasen la orientación del rostro del monarca en un intento de suavizar una posible pena en el caso de que fueran descubiertos por el orden social existente. (Se sabe que algunos falsarios, no reproducían exactamente los originales, no por falta de aptitudes, si no, porque sabían, que la ley, reducía la pena, en aquellas falsificaciones, en las que claramente difería el arte de la moneda falsificada en relación a las generadas en las respectivas cecas oficiales)

16 maravedís de 1664 con busto a izquierdas. Falsa de época. Colección del autor.

Esta fórmula, ayudaba a las autoridades competentes, a encontrar ese tipo de falsficaciones, de una forma algo más sencilla... pero en post de beneficiar a los mejores falsarios (por la reducción de la pena), les perjudicaba, pues, al ser piezas más reconocibles, ocurría, que se exponían más, y así, pasaban a ser una presa, menos difícil.

Otra causa puede deberse, sencillamente, a la apetencia del falsario en dejar constancia de su impronta personal, riéndose de lo legalmente establecido, y usando todo su poder artístico y emocional, para ello.

Existe una teoría también, que explica que aquellos artistas diestros, normalmente pintan los rostros a derechas, pues les es más cómodo y natural, y los zurdos a izquierdas... Así que, según lo dicho, podríamos saber si el grabador era zurdo o diestro... No sé qué pensar de ésto, pero yo que escribo con la derecha, si me pusiera a pintar un rostro, preferiría pintarlo a izquierdas, creo que sería más fácil para mis trazos, así que no estoy convencido de tal formulación.

Sea lo que fuere, existen maravedís de busto oficiales de Felipe IV, con el rostro del monarca mirando a izquierdas. Raras excepciones, que hacen aún más atractivo el coleccionar este tipo de piezas.

Con la ceca de Córdoba, y fecha de 1663, existen 4 maravedís de Felipe IV con busto a izquierdas. Considerada muy rara.
Ensayador (T) (M) Simón de Tapia.
Ceca C con corazón encima.

Leyenda anverso:
+PHILIPVS+IIII+D+G

Leyenda reverso:
HISPANIARVM REX 1663+

Existe otra variante de 4 maravedís de 1663 de Felipe IV, con busto a izquierdas, con la ceca y ensayadores a derechas del castillo (de Córdoba) y la C mirando a izquierdas.

Leyenda anverso:
+PHILIPPVS+IIII+D+G

Leyenda reverso:
HISPANIARVM REX+1663+


lunes, 10 de septiembre de 2018

Estuches para guardar monedas

Ciertamente nos habremos preguntado más de una vez, cuál es la manera más idónea de guardar nuestras piezas.
Hoy voy a referirme a los estuches de madera o acolchados, con la presencia de bandejas apiladas, donde dejar descansar las monedas.

Lo primero de todo, es tener en cuenta, en qué tipo de región vivimos. No es lo mismo una zona con presencia de  mucha humedad, como bien pudiera ser Mallorca, que otra, con humedad casi nula, como pueda ser Segovia. No es equiparable vivir al lado de un río o de un mar, que al lado de la montaña o en un lugar más desértico...

En aquellas regiones con bastante humedad, es importante disponer de un habitáculo en el que podamos meter estos estuches... En el mismo, podremos colocar bolas antihumedad, que absorberán este vapor de agua tan perjudicial para nuestras monedas.
También podemos disponer de un humidificador, que neutralice está humedad, pero puede ser molesto por el ruido que emite el propio aparato e incluso peligroso, ya que se "se come" el aire que respiramos.

Otros, preferirán disponer de medios más complicados y altamente eficaces como las centrales de tratamiento de aire... Os dejo un enlace al respecto:

https://www.murprotec.es/consecuencias-humedades/deshumidificadores-bolas-anti-humedad/

Tampoco es cuestión de alarmarse.
Pienso que con unos paquetitos de bolas antihumedad y sus respectivos cambios, cada cierto tiempo, tenemos más que de sobra.

Volviendo al tema que nos ocupa, el de los estuches, vemos que puede haber básicamente de dos tipos:

O bien de madera, o bien de cuero forrado, o sintético que emula al cuero. Ambos pueden albergar bandejas de fieltro con sus conocidos compartimentos para las monedas.

Algunos espacios son redondos y otros cuadrados. En ellos podemos depositar nuestras piezas "a pelo" o encapsuladas, con materiales óptimos...y de formas, o bien cilíndricas o bien cuadradas.

Esta manera de organizar las monedas, es muy vistosa. Yo la suelo emplear para guardar las monedas más representativas de la colección.

Distinguiremos entre monedas de oro, cobre y plata, pues, podemos tener diferentes procedimientos de "almacenaje" según el tipo de metal.

Estuche de cuero para albergar medallas o monedas.

Monedas de oro:

El oro es uno de los metales preciosos más estables que existen. Es casi incorruptible y no se oxida.
A pesar de ello, las monedas de oro pueden coger una ligera "pátina" que las hace más adorables...la reacción es sólo externa, y se da como consecuencia de las alteraciones químicas que se producen en la tierra al contacto con la pieza, pudiendo, en ocasiones, vislumbrarse tonos rojizos... En otras, circunstancias, ese brillo característico de este metal tan querido, se esconde un poco (pátina de monetario) tornándose más opaco, debido sobre todo a la suciedad... en ambos casos, es importante no limpiar la pieza, pues estas "pátinas" confieren carácter, e historia a la moneda...a veces el simple contacto con el agua, elimina estas impurezas tan peculiares.


Introducción del oro en estuches

Lo bueno que tienen las bandejas de esta serie de estuches es que albergan espacios independientes para colocar las monedas. Dichos espacios, tienen diferentes diámetros, ajustándose al tamaño de los diferentes cospeles. Pueden ser circulares o cuadrados y en ambos se pueden meter cápsulas de varios tamaños.
Yo las monedas de oro, aunque no hay necesidad, las meto en cápsulas y después en estos pequeños espacios. Digo, lo de "no hay necesidad" entendida desde el punto de vista de que no se van a oxidadar, ni nada por el estilo,no obstante, no me gustaría ver cómo alguna de ellas se cae al suelo o se golpea por un descuido accidental. Por eso prefiero encapsuladas.

Monedas de Plata:

La plata es un metal muy noble, aunque sí que produce pátina.
Suele estar aleada con otros metales menos nobles como el cobre, y reaccionar y coger tonalidades verduzcas, e incluso  pequeños puntitos de corrosión cancerígena.

La pátina estable de las monedas de plata, está generada por la reacción de los cloruros de la propia plata en contacto con el aire. El metal coge un color grisáceo o negruzco, a veces con otras tonalidades. Esta pátina protege a la moneda y le da una personalidad más fuerte que si no la tuviera.

Introducción de la plata en estuches

II reales de Felipe V encapsulados.

Aquí surge un dilema... podemos introducirlas sin cápsulas, y si tenemos cuidado no lamentaremos que la moneda sufra por algún golpe que se desencade...aunque  entorpeceremos que la pieza coja pátina de monetario al no estar en contacto con el aire.
Lo que suelo hacer yo, es encapsular aquellas piezas que tienen bonita pátina y las otras dejarlas al aire...ya habrá tiempo de meterlas en cápsulas.
Es recomendable echarlas un ojo de vez en cuando y voltearlas cada cierto tiempo, para que cojan el mismo tipo de pátina por los dos lados.

Monedas de cobre y bronce:

El cobre y el bronce son dos metales que sufren bastante con la humedad.
Está el temido cáncer de cobre, que hace que la moneda literalmente se desintegre en muchos casos.
Las pátinas de este tipo de metal suele ser de muchos tonos, y protegen ante la corrosión.
Azuladas, amarronadas, verdosas, negruzcas, doradas... Un sin fin de tonalidades que confieren el carácter personal de cada pieza.

Introducción del cobre y del bronce en estuches

Normalmente yo no las encapsulo, evitándome el trasiego que conlleva comprar tanta cápsula...  (si tienen pátina estable es mejor dejarlas al aire) y le doy libertad al tiempo, para que las trate de la mejor manera posible. Hay que observar cada cierto tiempo, para ver si cogen algún tipo de corrosión no deseable, y voltearlas también.
Si la moneda es "muy particular", la trato como si fuera una pieza de oro, y la encapsulo. Otras veces, si la moneda ha sufrido anteriormente a la limpieza, corrosión, o si tengo dudas de la estabilidad de la pátina, la meto en cápsulas, para ver cómo evoluciona y que no contagie a las demás piezas.
6 cuartos de Isabel II. Sobre fieltro.

Por cierto, se me olvidó comentar, que también se pueden sustituir cartones, por cápsulas, en las bandejas con espacios cuadrados.

Para sitios con mucha humedad, es mejor no grapar estos cartones, para que no se oxiden las grapas...hay alternativas como todos sabemos, con adhesión mediante cartones con pegamento propio.

Conclusión: lo mejor para mi, es que las monedas respieren... pero siempre teniendo en cuenta lo mencionado anteriormente.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Primeras emisiones de los maravedís de busto de Felipe IV.

La hacienda castellana ya había tocado techo a principios de 1660, por lo que Felipe IV quiso establecer una nueva moneda en la que por primera vez apareciera el rostro del monarca.

Esta moneda, a principios de 1660 no tenía liga de plata y poseía un valor extrínseco muchísimo mayor que el intrínseco. Con ello, el monarca quería sufragar los gastos ocasionados por la guerra con Portugal.

Este tipo de monedas excasea hoy en día.

Se conocen piezas de 8 maravedís de la Ceca de Burgos.
8, 4 y 2 maravedís de Madrid, y 8 maravedís de Sevilla.

Todo ésto me hace pensar, que seguramente en el futuro se empiecen a conocer monedas de estas características emitidas por otras cecas, tan importantes, como las de Córdoba, Coruña, Cuenca, Granada, Segovia, Toledo, Trujillo o Valladolid.

En el anverso (en este caso sería reverso, pues no aparece valor) se presenta el busto de Felipe IV, dentro de una orla circular, mirando a derechas, con la leyenda Philippvs. IIII. D. G. 1660.

En "reverso", se ven las columnas de Hércules dentro de orla circular (no en todos los casos) con ceca y valor entre medias de las mismas, o ceca sólamente dentro de las columnas y valor a izquierdas de las mismas.
La fecha cuando aparece en el "reverso"  se ve a derechas de las columnas, acuñada de manera vertical.

Dibujo del autor sobre 2 maravedís de Felipe IV de 1660 con ceca de Madrid. Copiado de la pieza L-05 del libro "El Vellón de los Austrias" de Jarabo y sanahuja.


No sé conocen monedas con valores de 16 maravedís de esta índole.

Las columnas de Hércules se remontan a la antigua Grecia.
Según la mitología griega, fue el propio Hércules quien dividió lo que ahora conocemos por Extremo de Gibraltar, favoreciendo el tránsito naval. En recuerdo, y enaltecimiento, situó dos columnas.

Con el descubrimiento de las Américas, las columnas pasaron de ser la antesala de un territorio desconocido, o fin del mundo conocido (no hay más tierra) a la apertura de un nuevo mundo, de un territorio mayor y más allá de lo anteriormente conocido, para el imperio (Plus Ultra).

Fue Carlos I, el primero que las introdujo en su escudo de armas, y han pervivido hasta nuestros días.

Como apunte curioso; los duros españoles de plata o columnarios, de la época de Carlos III, sirvieron a la formación del símbolo del dólar. Los norteamericanos, cogieron como referencia, la cinta de la columna derecha (en forma de S) para la letra y la propia columna, para las dos rayitas conocidas que atraviesan la misma.


Botón monárquico de escudo columnado. 1733 a 1885. Colección del autor.


Alguna fuente consultada:"El Vellón de los Austrias" de Jarabo y Sanahuja. 

viernes, 24 de agosto de 2018

Proceso de fabricación de monedas en época de Felipe IV



Distribución de metales

Los metales de las diferentes Casas de Moneda peninsulares, provenían de diferentes sitios del imperio:

. Normalmente, la Ceca más abastecida fue la de Sevilla, por la cantidad ingente de metales preciosos que llegaron de las Américas.
Aunque en un principio se concibió la creación de otras cecas como la de Segovia (Real Ingenio), para aligerar la producción de la casa de la Moneda de Sevilla, (ya que la cantidad de metales que llegaban en el imperio de los Austrias, al sur,  desde México, Santo Domingo, Lima, Potosí, Santa Fé de Bogotá, era ingente) al final, en estas "fábricas" de producción, la procedencia de tan noble metal, fue otra.

. Metales provenientes de minas peninsulares. Ya desde tiempos inmemoriales, se utilizaron estos focos, sea, por poner un ejemplo, el caso de las médulas romanas en León.

. Particulares que ejercían el derecho de monedaje, en el que entregaban metales para recibir a cambio circulante acuñado, del que se restaba cierto valor económico al entregado, debido a la tasa de impuestos por fabricación y por regalía.

. En casos singulares de la historia, se consiguió metales de lugares muy variopintos, para monedas de necesidad, como las acuñadas en Pamplona, con Isabel II en las guerras carlistas (8 maravedís con ceca de Pamplona)

8 maravedís fundidos con ceca de Pamplona. Hecha con las campanas de las iglesias.


En otras ocasiones, se utilizó el cobre de cañones
8 maravedís de José Napoleón de 1812, ceca de Segovia, hecha con cobre de cañones.


Otras veces, fundieron plata de cubertería...
 8 reales de Felipe IV. 1633. Segovia (seguramente hecha con plata de cubertería. Desperfecto de cospel por "hojas")

2 Reales de Felipe IV de busto, de 1643. Madrid. Seguramente hecha con cubiertos de plata.


. Imperó también otra constumbre, la de utilizar circulante antiguo y fundirlo para establecer nueva moneda.
En este sentido, las diferentes pragmáticas como la de 1658/9, ordenaban que la gente llevara sus monedas, a las diferentes casas, para poder fundirlas o aplanarlas a golpe de martillo y reacuñarlas en otros cospeles con distinta acuñación. Entregándose finalmente una cantidad de monedas ya con los cambios establecidos (resellos, nuevo circulante) al "dueño" de las mismas (siempre menor, de lo que la Casa de la Moneda había recibido)
Resello a IV de La Coruña del anagrama PVS/RX. Con fecha de 1658/9.


En época de Carlos I y Felipe II, se seguían usando el mismo tipo de monedas procedentes de los Reyes católicos (estas monedas a nombre de los Reyes católicos se distribuyen en distintos periodos de los Austrias, y en época de Fernando e Isabel, curiosamente se realizaron a título póstumo... Es el caso de los ochavos y los maravedís a 4). También se utilizaban cospeles de monedas mucho más antiguas, como es el caso de este sestercio romano:


4 maravedís a nombre de los Reyes Católicos en época de Carlos I o Felipe II, acuñada sobre sestercio romano. Colección del autor.

Cuando existía premura en la acuñación y en época de guerras, se escogían monedas, se mal aplanaban y directamente se acuñaba encima, sin nigún tipo de cuidado en el resultado.

8 maravedís de Isabel II, acuñados sobre 6 cuartos de Barcelona. Puede verse la afuñación antigua, en la leyenda superior derecha.

. Otras veces, los metales empleados para crear los cuños, eran reutilizados y modificados por los grabadores (como en el caso de los 8 maravedís de Fernando VII con ceca de Segovia, que algunos se convirtieron en época carlista, en maravedís de Carlos V). Aunque ésto se hizo a "punta de pistola".


Fundición del metal y vertido en rieleras

El metal se fundía a altas temperaturas, para después verterlo en las llamadas rieleras. En estos recipientes, directamente se disponía del metal alisado en lingotes, para su posterior laminado. * Aquí es donde a veces existían errores de "fundición" ocasionados por un excesiva impureza de los metales (como se daba en ocasiones con la plata).

*Glenn Murray


Aplanado por martilleo o laminado

El metal, se alisaba a golpe de  martillo (en las acuñaciones a martillo) o  con rodillos (en las acuñaciones a rodillo).

El alisado en las rieleras (acuñación a molino o de "sangre), se disponía para pasar las veces que fuese necesario, por los rodillos de laminación.
En estos rodillos, se efectuaba la laminación, estirando y aplanando el metal por el paso entre los mismos.  A veces, en esta laminación,  podían aparecer los defectos ocasionados en la fundición por las impurezas de los metales, o por otras circunstancias en el proceso... dejando ver en esta elongación, las denominadas "hojas" (desperfectos en el cospel por falta de metal, o metal desplazado).

El balanzario

Era el encargado de pesar los cospeles obtenidos en el proceso de aplanado, ajustándose a la normativa impuesta según la pragmática expecífica. En los casos de acuñación a molino, el peso era posterior a la estampación del arte de las monedas y su recortado.
Se especificaba una tolerancia de peso (por "arriba y por abajo") según pragmática, y se deshechaban las piezas que no se ajustaran a la misma, volviéndose a fundir, para reiniciar el proceso.

Blanquimiento

El metal se aclaraba mediante procesos químicos. Se devolvía así ,el aspecto deseado, eliminado anyeriormente, por los procesos de fundición y de la laminación.

En otros casos (como en los vellones con alto contenido en plata de la producción monetaria de 1660 a 1664) se realizaban distintos procesos, para hacer emerger la mezcla de plata a la superficie de la moneda (este procedimiento no debe considerarse como un simple blanquimiento)

Acuñación

El abridor de cuños, o grabador, elaborana una matriz a través de la cual, establecía los cuños o rodillos de acuñación.

En las acuñaciones a martillo; se colocaba el cospel entre un cuño fijo, o pila (en el plano inferior) y un cuño móvil o troquel (sujetado por el monedero y golpeado con martillo)

A veces el martilleo, por cada moneda, era repetido, porque así el metal podía reblandecerse y el incado del grabado, era mayor. Otras veces, era menos repetitivo. (Llegando a acuñar 50 monedas o más por minuto)

En ocasiones se producían repintes (por rebote de los cuños en el metal o por repetición de martillaje de los mismos, cuando existía una pequeña desincronozación) y acuñaciones incusas (cuando la moneda se quedaba adherida al cuño y se golpeaba el siguiente cospel, quedando grabado el arte en negativo).

En las acuñaciones a molino; se disponen dos rodillos con la matriz de la moneda grabada en forma ovalada, ya que el riel a su paso por los mismos, se estiraba por la acción de la presión de éstos, y de dicha forma, se conseguía, que las monedas resultasen al ojo humano, circulares.

Control y libranza

Se excogían ciertas monedas y se guardaban, para tener constancia del tipo de producción que se había tenido en esa partida.
Posteriormente, se reflejaba en el libro de cuentas, cuantas monedas se habìan acuñado... el orden de tolerancia de las mismas, según pragmática...

miércoles, 22 de agosto de 2018

Escudo Soberano en la moneda de Felipe IV

Felipe IV nace el 8 de Abril del año 1605 en Valladolid, un Viernes Santo.

Hijo de los Reyes de España, Felipe III y Margarita de Austria, heredó amplios territorios, en una época de guerras, y con una economía al borde de la locura.

"El Rey Planeta" gozaba de ser poseedor de territorios situados en gran parte de la geografía mundial, y así quiso reflejarlo en sus monedas a través de su escudo de soberanía.



En lo que se refiere a los maravedís acuñados de 1660 a 1664, matizaremos que sólo los valores de 16 maravedís, llevarán este escudo de armas.



Con valor de 8 maravedís, el escudo será el de Castilla y el de León.


Con valor de 4 maravedís, el escudo es el de Castilla.


Con valor de 2 maravedís, se presenta el escudo de la región de León.




Dentro de la Península Ibérica, existían cuatro reinos:


Castilla

En ella incluida los Reinos de León, los reinos de Castilla, los Reinos de Galicia, Pincipado de Asturias, Señorío de Vizcaya, los Reinos de Toledo, y toda Andalucía.


Aragón

Reino de Valencia, Cataluña y Reino de Aragón.


Navarra


Portugal


Vimos, como Portugal consigue su independencia el 1 de Diciembre de 1640 (más información aquí)

Aún así, se conserva el escudo luso en los maravedís de busto de Felipe IV (con valor de 16 maravedís)



Ejemplo de escusón portugués antes de la independencia de Portugal (8 reales) encima de la marca de Granada.





Fuera de la Península:


Austria Moderna

Borgoña antigua

Borgoña Moderna

Brabante

Flandes y Tirol.

viernes, 10 de agosto de 2018

Cómo "sacar" la plata en los maravedís de busto

Es bastante inusual encontrarnos con maravedís de busto con casi todo su plateado. El problema, es que a veces, las monedas tiene una gran concentración de suciedad, que hace imposible contemplar esta característica tan poco común, y se nos hace necesario retirarla, evitando por todos los medios perjudicar las distintas pátinas de estas interesantes piezas.

Antes de nada, tenemos que observar si la moneda en cuestión posee dicha peculiaridad, ya que son pocas las que conservan ese plateado. Suelen ser piezas de color gris, plateado obscuro, pero que dejan vislumbrar esta esencia plateada en ciertas partes del cospel. La primera impresión (si no hay restos de suciedad) que tendremos, es que la moneda parecerá estar hecha completamente de plata. Ésto ocurre, porque como decíamos en anteriores entradas, en el proceso de acuñación de tales metales, era algo característico, que por diferentes tratamientos químicos, se facilitará  la subida de la plata a la superficie, siendo similar al resultado final, que nos daría un baño de plata.

En ocasiones, no sólo se conserva esta esencia, si no que también, se mantiene el brillo original de la moneda... Yo siempre asemejo estas pequeñas luminosidades, a los "plateados" que se contemplan en la superficie de líquidos como el gasoil o la gasolina.

A veces, la moneda no está tan obscurecida, pero detenta una capa de tierra que tapa todo este brillo....

De una u otra manera, un ojo "experto" sabrá si la pieza conserva esta peculiaridad y si en su tratamiento, puede "quedar" mejor de lo que estaba (siempre evitando destruir la pátina).

El proceso de limpieza es el siguiente:

Cogemos la moneda y la sumergimos en agua destilada. Con un cepillo de dientes con las cerdas cortadas a la mitad y jabón neutro, frotamos la moneda. Aclaramos y secamos con servilleta o trapo, siempre golpeando con los dedos, sin arrastrar el material. Una vez seca, observamos.

Cogemos ahora la moneda, y vertimos encima de ella, zumo de limón (puro). Si la moneda fuera de cobre, tendríamos que tenerla sumergida sólo unos segundos (3 o 4) ya que el limón, es un ácido que ataca inmediatamente a los metales menos nobles, como son el cobre o el bronce.
Si el maravedí de busto, posee poca liga de plata, es mejor no realizar este proceso.

Volviendo al tema que nos ocupa, sumergimos la pieza de vellón rico en este zumo de limón, unos 10 segundos, la sacamos y enjuagamos con agua, después, frotamos con el cepillo de dientes y agua y secamos. Repetiremos este proceso hasta encontrar el resultado esperado (sin forzar los tiempos y siempre con mesura, tampoco nos interesa que la pieza quede del todo reluciente... No queremos que pierda su esencia, su paso en el tiempo). Es importante aclarar la moneda con abundante agua para que desaparezca todo el zumo de limón y evitar así el proceso químico del ácido.

Si la plata es la "correcta" tendremos una pieza de una belleza comparable a una moneda enteramente de plata. Una joya increíble para nuestra colección.

Este tipo de acabado es satisfactorio sólo cuando vemos el potencial que posee la moneda. A veces el plateado obscuro, no es recomendable tocarlo, porque no va a dar más de sí, si intentamos "aclararlo", ya que es parte inmanente de la moneda... en otras ocasiones, veremos, como podemos rescatar ese plateado original, con ese brillo primigénito tan característicos de las "mejores" conservaciones. Sólo la experiencia nos guiará en este proceso.



 16 maravedís de Felipe IV. Sevilla. 1662 
 Antes de la limpieza. (Colección del autor)


 Después de la limpieza a dos tiempos.




                     Antes.


                      Después.

sábado, 4 de agosto de 2018

Limpieza de monedas con aceite hirviendo.


8 maravedís de Felipe IV, ceca de Granada. 1663.




Vamos a dedicar esta entrada en describir un método de limpieza que parece que tiene buenos resultados.

Este procedimiento debe utilizarse con piezas terrosas y con bastante suciedad.

No es raro encontrarnos con la venta de lotes de monedas, en los que la tierra está muy presente. Personalmente me gustan las limpiezas menos agresivas, como el cepillo de dientes, agua destilada... Y prefiero las limpiezas en seco, con punzón de dentista, palillos de dientes, cutter, y lana de acero del 00... no obstante, este método creo que merece la pena tenerlo en cuenta para ciertas monedas.

Yo lo emplearía en monedas en las que a pesar de la cantidad de tierra, percibamos que la pátina no es todo lo buena que nosotros pudiéramos detentar. Pátinas tal vez irregulares, o piezas en las que la tierra adherida casi parezca hormigón, o en las que se aprecia, que la irregularidad de los relieves del cospel hace muy difícil la limpieza.

Se coge una sartén, preferiblemente de uso exclusivo para estos menesteres. Se vierte bastante aceite de cocina (de oliva, girasol...) La acidez de estos acéites también determinará el resultado final de la moneda a tratar. Tendremos que ser nosotros mismos los que sepamos diferenciar unos aceites de otros, para saber qué va mejor con la pieza que deseamos limpiar.

Calentamos el aceite y apagamos el fuego... justo cuando éste empiece a soltar humo, será el momento justo, en el que sabremos que esta sustancia oleosa, está lista para recibir la moneda.

Una vez apagado el fuego, echaremos la moneda dentro, con cuidado de evitar no ser salpicados. Inmediatamente veremos como la moneda se comporta como si fuera una aspirina efervescente. El choque al contacto con el aceite, es tan brutal, que casi de un golpe, toda la suciedad y la tierra desaparecen.

Tendremos sumergida la moneda en el aceite, hasta que dejemos de ver esa efervescencia. Tiempo suficiente para que la pátina del cospel no emigre. Tendremos que controlar los tiempos... A veces, nos vendrá bien retirar la moneda exactamente cuando dejen de salir burbujas y otras, tendremos que esperar algún minuto más, hasta poder sacarla... todo depende del estado de conservación de la pieza y de su nivel de suciedad.

Sacaremos la moneda con una cucharita o espátula de madera (preferiblemente) para no rayarla, y la pondremos en un trapo de cocina.
Con sumo cuidado, y evitando quemarnos, la presionaremos con el trapito, hasta que consigamos secarla por completo.

Después de todo ésto, podemos "rasparla" por encima, con un cepillo de dientes, con las cerdas cortadas por la mitad, junto con jabòn neutro y agua.

Luego aclararemos... y personalmente, la tendría un día entero si no más, sumergida en agua destilada, para frenar los posibles procesos químicos que pudieran darse en la moneda.

Observaremos como la suciedad ha desaparecido (a veces queda "roña"... Pudiéndose repetir el procedimiento).

El inconveniente, es, que la pátina puede obscurecerse un poco (todo depende de los tiempos, de la acidez del aceite  y del tipo de pátina que posea la moneda). Lo bueno es, que resulta que la uniformidad de la pátina se presenta muy patente y que ciertamente, no desaparece, manteniendo normalmente un color atractivo, parecido a las pátinas de monetario, pero de una manera más natural. 

Por cierto, es un método fiable con monedas de cobre y bronce, no lo usaría con la plata.

martes, 31 de julio de 2018

16 maravedís de busto con baño de oro

Hace meses, tuve una conversación  con mi amigo Javier Martínez ("Blog Numismático: Isabel II Reina de las Españas") sobre la adquisición de una "nueva pieza" de Felipe IV.

El caso, es que estoy enamorado del reinado de los austrias (numismáticamente hablando), y en especial, de las monedas de busto de Felipe IV.

Volviendo al tema que nos atañe, tiempo atrás, se me presentó la oportunidad de conseguir una moneda de 16 maravedís bastante curiosa.

Esta pieza, tenía y tiene de característico, que es un 16 maravedís de la Ceca de Madrid, de Felipe IV, con el año 1661, con ensayador Ignacio De Payna, y no aparece en catálogo... pero lo verdaderamente curioso es el baño de oro que la cubre.


16 maravedís de Felipe IV, ceca de Madrid, de 1661, ensayador Ignacio de Payna.
Orla circular en reverso. Corresponde al tipo de anverso 2 y reverso 5 del catálogo de "Sanahuja". Variante 2. Con baño de oro. No catalogada.  Desajuste en la alineación de rodillos. Colección del autor.




Es bien sabido ya, que las monedas de vellón de 1660 a 1664, (las oficiales), y a veces no todas, tienen una "pequeña" liga de plata (y algunas más que otras).
Esta mezcla más noble, liada con el cobre, solía subir a la superficie por los procesos químicos que los cospeles sufrían, antes de ser acuñados... a simple vista nos puede parecer un baño de plata, pero ésto, como decimos, no es así.

Resulta ser una moneda peculiar, porque tiene baño de oro.

Al principio se me ocurrieron una serie de teorías para este fenómeno tan curioso;

Primera:  Que algún ensayador (más aquí) jugara a probar con oro y cobre, en vez de plata y cobre, para ver qué resultados tendría. Aunque, ésto es difícil que pasase sin una orden directa del monarca o del inmediatamente inferior a él. Y tampoco se conoce, que yo sepa, una pragmática al respecto.

Segunda: Que en realidad fuera un baño de oro, efectuado por algún falsario sobre moneda falsa... Pues si observamos la fecha, es de las primeras que se acuñaron en Madrid, y tal vez, los falsificadores y los comerciantes... todavía no tenían claro qué tipo de monedas eran "éstas nuevas"... aunque suena un poco a ciencia ficción y a parte, la moneda no se ve en su origen falsa de época...tiene un arte sublime. Sí pudiera ser, un baño de oro realizado sobre una moneda oficial (hecho por un falsificador) utilizando el posible desconocimiento de la gente, sobre este tipo de monedas, por la premura de esta ceca.

Tercera: Que algún desaprensivo la pintara en la actualidad (pero no es pintura dorada) o una persona de a  pie" mediante la electrólisis, la cubriera de oro. Ésto es lo más posible, y de ser así, seguramente fue hace tiempo, pues la moneda muestra desgaste en el baño (se aprecia bien en las leyendas).

Cuarta: Que la moneda hubiera sido cubierta con oro con intención de convertirla en una joya. Pero no se ve desgaste en la gráfila (de haber sido engarzada) ni está agujerea.

Ahora bien, comentadas todas estas teorías con mi amigo Javier Martínez, llegamos a la conclusión de que podían ser monedas utilizadas como arras.

Él mismo, me comentó, que tenía alguna moneda de Isabel II, con baño de oro y me instruyó de la siguiente manera:

 "... Óscar, por lo visto, a mediados del siglo XX, se vendían piezas de esta índole (de Isabel II) en el mercadillo de la plaza mayor de Madrid. La finalidad (en su origen) que tuvo este tipo de monedas bañadas, fue seguramente, la de ser utilizadas como arras, en las ceremonias de casamiento religioso"


2 maravedís de Isabel II, de 1848, ceca de Segovia, con visible baño de oro. Seguramente utilizada como arra.
Foto cedida por Javier Martínez, de su colección personal.



Ésto tiene todo su sentido, porque antes del siglo XX, me supongo, que se utilizaba el circulante de la época modificado (en este caso con baño de oro) o monedas más antiguas con o sin modificación. La gente querría llevar 13 arras con algún tipo de singularidad a su boda, y esta singularidad, valga la redundancia, solo es posible con monedas fuera de circulación, o monedas alteradas... Pues no se hacían piezas de fantasía, como ocurre en la actualidad.

Ahora, todos sabemos que suelen usarse, en este tipo de iniciaciones sacras, monedas de fantasía actuales (tipo medalla) sin valor extrínseco alguno, o monedas antiguas, reutilizadas para tales menesteres.

Os animo a que comentéis esta entrada.


domingo, 29 de julio de 2018

Medalla de busto de Felipe IV. Grabador Rutilio Gaci.

Hoy vamos a hablar de una de las medallas más interesantes del "Rey Planeta".

Tal pieza fue diseñada por el gran "artesano" Rutilio Gaci.

Este escultor, nacido en Italia, en Castiglione, emigró a Madrid aproximadamente sobre 1600. Dedicó buena parte de su carrera a España, creando fuentes, y diseñando trazados urbanísticos. Fue persona grata para el rey, elegido caballero cortesano por él mismo.

En cuanto a su faceta medallística, destacan sobre todo, seis trabajos:

1- Una medalla que supuestamente, versa sobre el casamiento de Felipe III y Doña Margarita de Austria.  (1609)
Más información sobre esta medalla.


Felipe III. Medalla de plata. Pieza y copyright de la foto pertenecientes al Museo del Prado de Madrid.






Felipe III. Pieza y copyright de la foto pertenecientes al Museo del Prado de Madrid.



Margarita de Austria. Pieza y copyright de la foto pertenecientes al Museo del Prado de Madrid.


2- Una medalla sobre la mujer del escultor,
Beatriz De Rojas y Castro. (1615)


Beatriz De Rojas. Pieza y copyright de la foto pertenecientes al Museo del Prado de Madrid.

3- Una medalla sobre el propio Rutilio. (1615)


Rutilio Gaci (el escultor). Pieza y copyright de la foto pertenecientes al Museo del Prado de Madrid.

4- Una medalla sobre Alejandro Rodolfo, aristócrata relacionado con la Casa de los Austrias.


Alejandro Rodolfo. Pieza y copyright de la foto pertenecientes al Museo del Prado de Madrid.

5- Una medalla (ovalada) en la que aparece Francisco González De Sandoval y Rojas. Gentilhombre de Felipe II,  Duque de Lerma y ministro del Rey Felipe III.
Para mí, esta creación, es la medalla con mejor factura de todas. La influencia manierista queda patente en esta creación (1616)

                       Fotografía de Sailko.

6- Una medalla, que ensalza la coronación de Felipe IV. Ésta, tuvo lugar el 31 de Marzo de 1621.


Coronación de Felipe IV. Medalla y copyright de las fotos, pertenecientes a la colección del Museo Lázaro Galdiano.



La que nos ocupa, (la número 6)  bebe directamente de la corriente artística manierista.



Coronación de Felipe IV. Medalla y copyright de las fotos pertenecientes a la colección del Museo Lázaro Galdiano. Medalla con argolla.


Es una pieza que se presta a la belleza, donde prima el artificio y el detalle como muestra de "...que lo que es difícil es bello y superior, en contraste a lo que no lo es" pero con un resultado  final sosegado y aparentemente simple.


En anverso: 

Aparece a derechas, el busto del monarca, vestido con armadura y tosión de oro,  con gola rizada en el cuello, al estilo de los primeros ducatones de Felipe IV de busto de los Países Bajos, con un rey joven.
En el campo R.T (marca del escultor).

Leyenda: .Philippvs. IIII.D.G.Hispaniar.Rex

En reverso:

Con temática mitológica, aparece Apolo, dominando una cuádriga de cuatro caballos, retorcidos, circundando triunfantes el mundo.

En el campo R.T (marca del escultor)

Leyenda: Lvstrat. ET. Fovet

Diámetro 4,5 mm.; Peso45 g

El material de estas medallas, suele ser de bronce dorado y plata, aunque no descarto que hiciesen alguna de oro. Hay piezas acuñadas y fundidas.



Apolo, dios de las artes y de la música, se caracteriza por su juventud y su inmortalidad. Aspectos éstos que se trasmiten a la figura del monarca, como rasgo primordial del futuro reinado que debe sobrevenirle. Quiere auspiciar así el artista, con esta metáfora, la "condición extraterrenal" propia de un rey.

Son bien conocidos los gustos artísticos de Felipe IV, y su predilección y antojos con todo lo relacionado con el arte, en especial por la pintura. Un rey culto que dio fama y "tablas" al conocido  Velázquez.

Qué mejor forma de presentarnos en una medalla, estas dos características de Felipe, "carnalizado" en el Dios Apolo. Un ser superior, joven, eterno y amante de las artes y que casa muy bien con los impulsos sexuales de Felipe IV.  Un Dios sol, emparejado con el poder.. el astro que debe iluminar los reinos de España.

Matizaremos que el dios Apolo, en su búsqueda insaciable por agradar a Dafne, es interpretado como un dios lujurioso, aspecto éste muy acorde a la faceta más adictiva del Rey.