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martes, 12 de marzo de 2019

Los Ensayadores Pedrera

Bernardo, parece ser el último eslabón de ensayadores, de la familia Pedrera.

Bernardo de Pedrera Y Negrete, fue hijo del ensayador, de la Ceca de Segovia (más sobre tipos de acuñación en el Real Ingenio), Andrés de Pedrera.

Toda una generación de ensayadores, que pasó a formar parte, del extraordinario tiempo transcurrido sobre unas paredes en las que tan buen oficio se dio; El Real Ingenio de Segovia, Fundado allá por el año 1586 por Felipe II.

Bernardo De Pedrera, entró en la fábrica de moneda de Segovia, como ensayador, por Real Cédula del 2 de Mayo de 1651, por la "buena relación" que guardaba con sus progenitores, y el buen servicio de éstos, prestado a la corona, con un sueldo de 100.000 maravedís.

Es nombrado Ensayador Mayor del Real Ingenio y del "Reino" de Castilla, 7 años más tarde de su ingreso en la Nueva Casa de la Moneda de Segovia, el 30 de Julio de 1658.

Ensayará hasta el reinado de Felipe V (incluido).

Se tiene constancia, de que también ofició puntualmente, en la ceca de Madrid y en Sevilla.

En Segovia, continuó la "herencia" dejada por el ensayador, Hipólito De Santo Domingo, y compartió labor, un tiempo, con el ensayador, Manuel Manso.

Los talladores que estuvieron trabajando codo con codo con este ensayador, fueron:

Rafael González que compaginaba trabajo en la Casa de la Moneda de Madrid, Francisco De Plaza, y Diego De plaza.

16 Maravedís del Real Ingenio de Segovia de 1663. Ensayador Bernardo de Pedrera.


Su abuelo, Esteban De Pedrera "El Viejo",  "ensayador mayor del oro y plata y el vellón de su majestad", ensayó anteriormente, en la casa oficial, con muy buenos resultados... fue el 6 de Julio de 1617, cuando este ensayador, recibe un cargo de relevancia,  substituyendo a Rodriguez Del Castillo, favoreciendo en el futuro, sin duda alguna, a que su nieto Bernardo, pudiera acceder a un puesto de especial responsabilidad en el Real Ingenio.

Antes de ensayador oficial, Esteban De Pedrera, fue marcador de plata real en los talleres de Madrid y Valladolid (24 en total, que se tenga constancia). Trabajó en otras zonas como Burgos y zamora...

Entre los cometidos de Esteban De Pedrera ("tocador de oro y marcador de plata en la villa de Madrid"), estaba, el de supervisar a aquellos plateros batidores y toda persona encargada de trabajar con oro y plata, cuidando de garantizar la ley y el quilataje de los metales preciosos que allí se labraban, por mandato real.

Para ello, en ocasiones, utilizaba la presencia de su hijo, Andrés De Pedrera, que se encargaba de custodiar y estudiar las piezas que se encontraba en cada taller de platero, para ver si "entraban dentro de las exigencias de la corona real" y marcarlas con sus punzones, para certificar la pureza del metal y la liga de las joyas supervisadas.

A su vez, vigilaba los posibles robos de los artesanos, dando buena cuenta de ello ante la autoridad competente...

El padre de Esteban De Pedrera, también se llamaba Andrés (no confundir con su hijo) y como ellos, trabajó en el Real Igenio de Segovia de 1613 a 1615.

Se destaca en este ensayador (Andrés De Pedrera "patriarca de la familia") las acuñaciones de los primeros cincuentines, posteriores a 1609,  (de 1613), compartiendo trabajo, con el excepcional grabador del Real Ingenio de Segovia, Diego De Astor.

Reproducción de 4 reales de Real ingenio de Segovia, con brillo original, de la Escuela de Grabadores de Madrid del siglo XIX. Ensayador Andrés De Pedrera "1617".



Reproducción de centén en plata o prueba de acuñación, con triple pleso de cincuentín (piedfort) 1633, con ceca de "La Puente".
Ensayador Rafael Salván.


Andrés de Pedrera hijo, fue nombrado visitador de Valladolid el 5 de Mayo de 1624, para supervisar la labra del oro y plata, en los talleres de platería y en aquellas dependencias que albergasen artesanos que desempeñasen estos cometidos.

Todavía no se tiene conocimiento de si ensayó o no en el Real Ingenio de Segovia.

El último eslabón de la cadena, Francisco pedrera y Negrete, nieto de Andrés De Pedrera e hijo de Bernardo Pedrera, también ensayó en la casa de la Moneda de Segovia, a finales del siglo XVII... coincidirá casi, con la salida del grabador, Manuel Manso.


Los ensayadores, en la época de Felipe IV, normalmente, elegían la marca de ensaye, haciendo referencia a la primera inicial de su nombre o apellidos. Así lo deja ver, clátamente, Francisco De Pedrera, en un documento fechado en el año 1697 en la ciudad de Segovia:

"Para que en todo tiempo conste la moneda que por mi se ensaya y despacha en el dicho Real ingenio, desde luego declaro ha de llevar por letra una F, por ser la primera letra de mi nombre".



Marcas de ensaye:


Andrés De Pedrera (patriarca): AR
Enlazadas.

Esteban De Pedrera: A superada de cruz.
P

Andrés De Pedrera (hijo): A superada de cruz (como su padre Esteban).
También acuñó en la Ceca de Madrid.  Posible P, también atribuida a Pedro Enrique (ensayador de la Casa Vieja de Segovia).


Bernardo de Pedrera: BR enlazadas.

Francisco De Pedrera: F


miércoles, 6 de marzo de 2019

Dieciochenos valencianos en el reinado del "Rey Planeta"

Los dieciochenos, son monedas con valor de 18 dineros de vellón, que tienen su origen en el reinado de Felipe II.



Dieciocheno de Felipe IV, acuñado en Valencia, con valor 18 y fecha de 1650.


No poseen marca de ensayador (raro, al ser moneda de plata), aunque muchos autores indican, que en la marca del valor de estos dieciochenos, puede estar la clave para conocer a los ensayadores de las respectivas piezas... Pero ésto, parece solamente ocurrir con uno de los maestros de la Ceca, el señor Scribá, que podría haber ordenado marcar con el valor 1S en vez de 18, los dieciochenos que " cayeron por sus manos", aludiendo, con esa consonante, al principio de su nombre.

Estas monedas fueron acuñadas en Valencia, hasta bien entrado el siglo XVIII.

En tiempos del "Rey Planeta", y antes de su reinado, algunos barcos que se dirigían, de las Américas, al puerto de Sevilla, eran atacados por piratas ingleses (los que no se hundían por un mal temporal). La economía se vio abatida, por una falta de plata nativa y exceso de falsificaciones... En Valencia, para paliar estos males, se promulgó pragmática nueva, en la que la liga de plata, se vio mermada (el caso de los dieciochenos).

En el período de Felipe IV, estas monedas sufrieron en sus propias carnes, los avatares de los falsificadores.

Al ser monedas acuñadas a martillo y con un arte, bastante menos esmerado que en otras piezas, los falsarios veían un mundo de posibilidades para realizar sus imitaciones. A pesar de ser una moneda muy falsificada, nos han llegado pocos ejemplares hoy en día (por lo visto se retiraron del mercado gran parte de ellas)

Este circulante, padecía el cercenamiento de sus cantos e incluso, muchas de estas monedas, sufría decapamiento del metal, a través de distintos procesos químicos, que arrancaban de cuajo gran porcentaje de plata... En ocasiones, dejando el valor intrínseco de la moneda por la mitad.

Fue en Barcelona, (más sobre moneda de Felipe IV, en tiempos de las revueltas catalanas) donde se lanzó una pragmática, que obligaba, a todo aquel que tuviese dieciochenos, a llevarlos a la casa de la moneda pertinente, para volver a ser fundidos, y hacer con ellos moneda de real nueva.
A principios del reinado del último Austria, Carlos II, se resolvió implantar los molinos tan utilizados en la parte inferior y centro de la Península Ibérica, en la casa de la moneda de Valencia. Para ello, se crearon nuevas dependencias en la ceca y se habilitó el patio, como lugar destinado a batir el vellón. Más sobre distintos tipos de acuñación.
Estos ingenios, que procedían de Madrid, a penas tuvieron 3 años de uso, porque los operarios lograron frenar el avance de los mismos... querían trabajar a la vieja usanza, a golpe de martillo, y lo lograron. Hasta tal punto, tenían tanto poder de decisión y persuasión, que no se volvió a acuñar con rodillos de molino, hasta bien entrado Carlos III al poder.

Estos reales, se volvieron a fundir (no todos, pues queda constancia de ellos) para fabricar, nuevas monedas martilleadas.

Dieciochenos con Felipe IV:

Llamados también dihuités, o reales de a uno, tenían el valor de 18 dineros de vellón.


Anverso:

Leyenda PHILIPPVS IIII DEI GRACIA VALENCIA  que rodea al busto del monarca coronado, en perspectiva frontal. Valor entre medias del monarca.

En 1640, se empezó a establecer el valor del dieciocheno, situado entre medias del busto del rey (1 y 8). Aunque existen monedas anteriores a esta fecha (de 1618 a 1624) en el reinado de Felipe IV con marca de valor, se consideran a día de hoy, como pruebas realizadas en 1640 con cuños de reverso de fechas anteriores.


Reverso:

Leyenda VALENCIA MAIORICA REX    rodeando al escudo coronado de Valencia, situado entre medias de la fecha.

Como dato curioso, vemos como este tipo de posición frontal del rostro del monarca, cuadra más con aquellas blancas medievales de antaño. A mí, estos dieciochenos, se me asemejan, bastante, a los conocidos cuartillos de Enrique IV...

Poco a poco, se va abandonando esta visión frontal del monarca, hasta que imperan los perfiles de los rostros, mirando hacia uno u otro lado.

Son monedas, los dieciochenos, que sorprenden por la cantidad de variantes de estilo, que tienen.

lunes, 25 de febrero de 2019

Gorgueras y golillas en las monedas de Felipe IV

La vestimenta de Felipe IV, en las monedas de busto, es fiel reflejo de una época, en la que el monarca, alentaba y condicionaba, con su propias prendas, el vestir de toda una época.

Se le ve al "Rey Planeta", en numerosas representaciones, portando prendas de color obscuro, negro.

Un color, que tiene su tradición, allá por el siglo XV en Borgoña...y que recuperarán, tanto Carlos I, como Felipe II y Felipe IV, en mayor medida.

Por otro lado, el "negro", en este periodo, es fiel reflejo de riqueza, de élite, de autoridad de quien lo lleva.

Con el descubrimiento de las Américas (más sobre las Américas y Felipe IV) el mundo textil, se reinventa y atrae mucho protagonismo a España. La economía busca una nueva forma de expansión, gracias a esta "nueva disciplina", favoreciendo la apertura del mercado europeo (gran cuenta de ello, lo da, la Ciudad de Segovia en el siglo XVIII, con la producción lanar en auge, a razón de sus numerosos esquileos y lavaderos).

Los colores, con los que se tiñe la ropa, adquieren más fuerza, pues, se incluyen en los tintes, compuestos antes nunca utilizados... algunos, orgánicos, como la cochinilla... el color negro ("ala de cuervo"), se ve gratificado por estas nuevas técnicas.

Evidentemente, el color, no se podía representar en las monedas (hoy en día sí es posible...) pero esta obscuridad en los trajes, compartía protagonismo y casaba estupendamente, con un complemento, bastante innovador, que a parte, se convertía por pigmentación, en el antónimo por autonomasia, del "negro"; el blanco de la golilla.

Sí nos ceñimos a la moneda de busto propiamente española, en el período de Felipe IV, vemos, como aparece normalmente, en el cuello del monarca, una golilla, que substituye a las anteriores gorgueras tradicionales, éstas últimas, más almidonadas y claramente onduladas, con forma de abanico.

En el circulante de los Países Bajos de Felipe IV, se haya claramente esta transición entre ambas piezas. (Ver aquí)


Felipe IV con gorgera en forma de abanico. Ducatón de Amberes. Etapa de juventud del monarca.



Felipe IV con coraza y golilla. Ducatón de Amberes. Etapa de madurez del monarca.



Las gorgueras, como influencia patente de la moda flamenca, pasan a formar parte, del atuendo militar y de la corte española, en el siglo XVI.

Eran prendas de lujo que llegaban a costar más de 200 reales. Aparecían teñidas con unos polvos holandeses azules de un coste inimaginable... Constituía un verdadero despropósito, que la corona, subvencionara a este país ("insurrecto") en la compra de estos artículos.


En el siglo XVII, pues, abundan ya, las golillas, más simples en esencia, y en precio (a penas 4 reales y sin desembolso en mantenimiento) pero también de gran poder visual. Un cartón, forrado y almidonado, que "sujeta" la cabeza, a modo de bandeja.
Anteriormente, y por pragmática real, en 1623 (evitando así derrochar dinero en la compra de gorgueras), se había utilizado la Valona o tela decorativa, que normalmente, caía sobre los hombros y dejaba el cuello al descubierto. Ahora, ésta misma, se situaba encima de la golilla, procurándola recubrimiento y embellecimiento, en toda su extensión.

La prohibición de las gorgueras fue contundente por parte del monarca y de su válido, el Conde Duque de Olivares. Existen episodios diversos, en los que se citan a alguaciles, saliendo a la calle y cortando con tijeras, aquellas gorgueras, que "ostentaban demasiado"... Hasta muertes hubo.

A pesar de ser prendas más sencillas que sus antecesoras, conferían una verdadera tortura a aquellos que las portaban... Pesaban mucho e incomodaban por su exclusiva fijeza al cuello.
El monarca, obligaba el uso de la golilla bajo su real presencia, negándose a recibir a cualquier alto dignatario que no la llevara...la nuez debía esconderse.

Los maravedís de busto de Felipe IV, poseen esas golillas, en el cuello del monarca... al igual que otras monedas, de mayor valor intrínseco, como los 2 reales de Plata de 1643 con ceca de Madrid.

En algunas piezas, puede observarse como la golilla está situada encima del cuello de la armadura.


Jetón de Felipe IV con golilla encima de armadura.




En otras, no parece que el atuendo del monarca, sea una coraza.





8 maravedís de Felipe IV. Golilla encima de cuello de traje, seguramente un jubón.



También se ven piezas, en las que destaca en un plano más inferior a la golilla, una especie de Valona o pañuelillo.




Bustos de Felipe IV, de 16 maravedís, en los que se aprecia un pañuelo valona, bajo la golilla.




En monedas anteriores, al reinado de Felipe IV, podemos encontrarnos, claramente, con el uso de de las gorgueras. Tal es el caso, de los Ducatones de Alberto e Isabel, o los ducados de Brabante de Felipe II.


Ducatón de los archiduques de los Países Bajos, Alberto e Isabel, con ceca de Amberes. Rostros con presencia de gorgueras y armadura. (Más sobre tipos de rostro en los maravedís de Busto de Felipe IV)



Con posterioridad al reinado de Felipe IV, ya con el primer Borbón, Felipe V, la golilla se substituye por la corbata francesa.

lunes, 18 de febrero de 2019

El mercurio y la plata Indiana; fuentes de riqueza en la emisión de moneda del período de los Austrias


Cuando los españoles llegaron a las Américas, descubrieron técnicas ingeniosas, empleadas por los indígenas, en el tratamiento de los metales preciosos, adoptando algunas de ellas, en las diferentes casas de moneda, para producir lingotes de plata más puros (Más sobre la plata y su relación con el circulante de Felipe IV)

Los mecanismos que tenían los nativos americanos, en la purificación de los metales preciosos, eran, del todo novedosos, para los "invasores".


Las Guairas

Las guairas, eran hornos que utilizaban los nativos, para fundir los metales. Estos hornos, que se ponían a trabajar, en suelo indígena, y se retraían a la época de los primeros incas... Despertaron, un verdadero interés entre los conquistadores españoles.

Eras  las guairas, construcciones similares a las chimeneas, pero en una disposición invertida, construidas a veces, sólo por piedras, y otras, con la presencia de mortero, e incluso cerámica, y hueso...

Estaban  orientadas, en función del curso del viento... un aire soplado que le proporcionaba una mejor combustión, al favorecer la entrada inmediata de oxigeno, por aquellos orificios que albergaba...
Tenían también, diferentes oquedades, procuradas a estar destinadas a la evacuación del humo.
Dichas "chimeneas",  solían situarse, bien, en zonas elevadas, o en llanos, dependiendo de la intensidad y frecuencia del viento y eran movibles. Se alimentaban con carbón, y realizaba la fundición de metales, durante todo el día, ya que el viento las proporcionaba una continua fuente de energía.

La plata primitiva... aquellos pedazos de rocas, con todas sus impurezas, se introducía en estos hornos. Al fundirse a altas temperaturas, se evaporaba el azufre, y una ligera cantidad de plomo...quedando así, "lingotes de plata con cierta acumulación de plomo" que más tarde en diferentes procesos, serían purificados, gracias a la intervención del azogue, (el mercurio de la época) necesario, para separar el plomo de la plata. Una verdadera técnica revolucionaria observada por los españoles a principios del siglo XVI, concretamente sobre 1558.
Posible escoria de fundición, con alto contenido en cobre.

La plata se disponía en polvo, y era mezclada con el azogue. Se dejaba unos dos meses reposar en grandes patios, se lavaba y se fundía, iniciando así, su proceso de purificación. Para reducir los metales en polvo, se requiría la utilización de molinos de agua, o de sangre (Más sobre acuñación con molinos de agua) los cuales, trituraban las piedras con gran efectividad.
Los mineros indígenas ("ladinos"), se encargaban de sacar el metal de las minas.

Este método, con azogue, fue copiado por los españoles, para poder obtener plata pura y con ella realizar las acuñaciones que hoy día, son consideradas como las mejores de todos los tiempos.

En el reinado de Felipe IV la producción de plata y mercurio se vio mermada.

El azogue pasó a ser un elemento muy valioso para la corona española, tanto o más que el propio oro. Se han encontrado en ciertos navíos hundidos de la primera etapa borbónica, gran cantidad de cajones con mercurio, procedente de las Américas y de la Península Ibérica.

Hasta la llegada de los españoles a las Américas, no se había implantado en este "nuevo continente", un sistema monetario como tal, acorde al europeo. Los nativos comercializaban con distintos elementos, de los cuales destacaban el cacao como moneda de cambio principal ( el "xiquipilli"era la medida marco, equivalente  a  ocho  mil  granos de  cacao), el oro, casi preferiblemente en polvo... utilizado para confeccionar arte que invocarse a sus divinidades y entre otros metales, estaño, necesario para el proceso de ciertas armas.

Con la llegada de los conquistadores al Nuevo Mundo, y debido al descubrimiento y a la explotación, de minas argénteas desconocidas haga entonces, para aliviar la cantidad ingente de metales nobles que llegaban a la Casa de la Moneda de Sevilla, se empieza a establecer  una serie de cecas indianas, (Potosí, Cartagena de Indias, México, Nuevo Reino ...) que producen piezas, y que se envian con posterioridad, a Castilla, junto a lingotes de oro y plata sin acuñar... poco a poco, las monedas, irán instaurándose en las provincias americanas, como base de la economía nativa.

Una de las acuñaciones más hermosas, que existen, en el reinado de Felipe IV , con ceca Indiana, son los 8 reales a martillo (los columnarios)

Se explotaron yacimientos de mercurio en Almaden, Italia y Perú, al igual que minas de plata, por casi todo el territorio indiano, vislumbrándose sobre manera, las de Potosí.

En Huancavelica se encontraba uno de los yacimientos mayores de mercurio.

El azogue, como decimos anteriormente, se empleaba, para separar los metales menos nobles que contenía la plata. Una vez purificada, se confeccionaban en rieleras, los lingotes pertienentes, y se quintaban. Se extraía físicamente un 20% del 100% del lingote, como impuesto de quinto, y se marcaba el lingote, para dar fé, de este importe cobrado por la corona española.

El mercurio, también fue utilizado, por los falsarios, para cubrir mediante amalgamamiento, las monedas de cobre.

16 maravedís de Felipe IV, ceca de Madrid de 1663. Leyenda bastante atípica: "...Res" en sustitución de "REX". Falsa de época.

Los falsificadores, a veces utilizaban una pasta de plata y mercurio que se adhería a la moneda. Después, se calentaba a altas temperaturas, favoreciendo la evaporación de este metal líquido, quedando entonces, forrada la pieza, por plata pura.


Felipe IV, 16 maravedís. Sevilla, fecha 166?. Falsa de época.

viernes, 8 de febrero de 2019

leyendas desajustadas en los maravedís de busto de Felipe IV

Un amigo mío numismático, que centra su colección, sobre todo, en moneda medieval, Rubén, hace poco, me ha enseñado una moneda de Felipe IV (maravedí de busto). Concretamente, 16 maravedís con ceca de Segovia.

Ésto me ha abierto las puertas a confeccionar esta entrada.

Su pregunta hacia mi, ha sido la siguiente:

- "¿A ver si sabes, por qué la he comprado?"- a lo cual, después de examinar más detenidamente la moneda, le contesté:

- Me supongo que por el 3 de la fecha-

Ciertamente no estaba equivocado.
Por el momento, no había reparado "más de la cuenta" en este tipo de detalles, hasta que él presentó una posibilidad, la verdad, bastante adecuada a lo que el sentido común aconseja.


16 maravedís de Felipe IV con ceca de Segovia de 1663. Foto prestada por Rubén Rojo, moneda de su colección.



Sk vemos la fecha de esta moneda, observamos rápidamente como el 3 está metido a "cajón" dentro de la leyenda. Si ese número hubiera seguido con la coherencia espacial de los demás dígitos de la fecha, habría colisionado al final, con el principio de la corona del escudo de armas.

Se nos presenta el 3, raquítico y alto, justamente para poder situarse donde le corresponde (aunque algo más enjuto y elevado).

Aquí, parece, que el abridor de cuños, no "calculó" bien las distancias de las leyendas... Pero es un fenómeno que suele ocurrir con bastante asiduidad en este tipo de piezas...no es la primera variante de este estilo que veo de esta guisa.

¿Entonces, a qué es debido ésto?

Vamos a intentar hipotetizar las respuestas a esta incógnita tan interesante.

1) Posiblemente, el grabador, se enfrenta al cuño sin ningún tipo de plantilla, por lo menos, en lo que respecta a las leyendas...pues de no ser así, lo lógico, es que todas los números y letras de las mismas, estuvieran bien alineados y gradualmente espaciados (ya que tendría margen de corrección antes de pasar el trabajo al metal). Este "error" parece más bien, una equivocación sobre la marcha.

De repente, el abridor de cuños, (Más sobre procesos de acuñación) se da cuenta, de que se le queda corto el espacio donde grabar y no tiene más remedio que adelgazar el número y elevarlo, para que quepa dentro del espacio destinado a la leyenda.

Podemos observar, que el momento que desencadena este problema, viene de antes. La fecha se va torciendo ligeramente a derechas, cogiendo una inclinación un poco acentuada hacia el interior del campo de la moneda, alcanzando  su máximo grado de inclinación, en el segundo 6...este desencadenante, produce que la leyenda, se acerque mucho más a la corona del escudo y haya menos margen de actuación.

2) Es, como vimos anteriormente, bastante casual, encontrarnos con el último número de las fechas de ciertos Felipes descentrados, inclinados y girados...sería lógico pensar, que cabe la posibilidad de que los cuños estén repetidos, copiados, en sus inicios.

Si tuviéramos cuños similares para grabar distintas monedas, con fechas de sólo tres dígitos, podríamos introducir el cuarto de ellos cuando el año de emisión cambiara...así, sólo modificaríamos lo que respecta a la fecha, evitando tener que confeccionar un cuño nuevo...aunque en esta teoría, no encaja bien, que el artesano dejase tan poco espacio para futuras intervenciones... Tal vez, el ojo del grabador, vio más completa la moneda, sin ese cuarto dígito en su concepción, y artísticamente, acercó la fecha al escudo, pasando por alto que tiempo más adelante, tendrían que colocar el cuarto número.

Por otro lado, este 3, incluso podría tener distinto arte, y ser del mismo grabador o de otro distinto (factor que afianzaría más está segunda hipótesis)

Conclusión:

A expensas de escuchar nuevas teorías (cosa que os animo a hacer en los comentarios de esta entrada), yo me quedo con la primera opción, por dos motivos fundamentales:

- Por la inclinación de la fecha hacia el margen inferior derecho. (Considerando este dato, como un "error" en la precisión en el grabado del abridor de cuños)

- Por el desajuste de más palabras en las leyendas...no sólo las fechas de estos maravedís de busto sufren estos pormenores, también se acometen éstos, generalmente al principio de las leyendas...tal es el caso de la misma moneda, en la que se puede ver la desalineación de las letras de la palabra Hispaniarvm, aunque menos acentuada que en otras piezas.